Durante los últimos cuatro años la organización de asesinos conocida por el nombre de ETA, una organización que vive una realidad paranoica, ha matado a dos personas. Quitar la vida a dos personas es un hecho gravísimo, propio de bestias sin escrúpulos, pero nunca antes los asesinos habían estado en una inactividad semejante. Se pueden buscar muchas explicaciones, pero sin duda el proceso de paz abierto por el Gobierno Zapatero ha tenido bastante que ver en que el luto no se haya extendido por muchos más hogares de España. Ahora, cuando los terroristas anuncian de nuevo que vuelven a su oficio, es muy fácil decir que el Presidente del Gobierno se equivocó, que ha cometido muchos errores o ha pecado de candidez, cosa que no se ha dicho de ninguno de los otros presidentes que negociaron –o sea buscaron la paz mediante el diálogo- y no consiguieron culminar con éxito su dura y esperanzadora tarea. Fueron Felipe González y José María Aznar.
Lo que diferencia a los tres procesos habidos hasta la fecha, es que estos dos últimos presidentes, mientras negociaron o se limitaron simplemente a aplicar una política policial, contaron con el apoyo incondicional de la oposición, no sólo con su silencio, que habría sido suficiente, sino con su ayuda, dejando el terrorismo al margen del debate político.
ETA es la última y única responsable de romper un alto el fuego que ya había liquidado a finales de diciembre de 2006 con el atentado de Barajas, no cabe pues atribuir responsabilidades a nadie más. Dudo que si el Partido Popular hubiese estado al lado del Gobierno, como era su deber, pudiéramos hablar hoy de una paz definitiva y perpetua, pero estoy convencido de que la estrategia gritona, faltona, irresponsable del partido de la oposición en nada ha ayudado a que la esperanza y los deseos de muchos españoles se hiciesen realidad. Los intentos aviesos por mezclar a ETA con los terroristas islámicos y con el actual Gobierno, la crítica contumaz a cualquier medida tomada por el Ejecutivo -que por cierto no ha liberado ni movido a etarras, salvo la prisión atenuada para De Juana Chaos, es decir que no ha pagado precio político alguno como hizo José María Aznar dando terceros grados, libertades condicionales y acercando presos-, las manifestaciones madrileñas contra esto y contra aquello sólo tenían un objetivo por terrible que parezca decirlo, que el proceso de paz fracasara desde el primer momento y sacar importantes réditos electorales fuera del País Vasco.
Es posible que la estrategia inventada por José María Aznar en 1989 y seguida por los actuales dirigentes del PP les pueda resultar beneficiosa electoralmente hablando. Todo es posible. Pero sea quien sea el ganador de las próximas elecciones generales tendrá que seguir destinando una enorme cantidad de energía a combatir el terrorismo etarra, tendrá que presidir el inmenso dolor de la sangre inocente derramada por nuestras calles, el chantage, la extorsión y la barbarie en sus múltiples manifestaciones, también la desesperanza de todo un pueblo.
La formalización por parte de ETA de la ruptura de la tregua no debería, pues, alegrar a nadie sino entristecernos a todos y servir de lección para que el terrorismo no vuelva a ser usado jamás como instrumento para captar votantes. Desconozco cual será la capacidad material de la organización criminal para matar, pero sé que matar es la cosa más fácil del mundo, basta colocarse detrás de una persona y apretar un gatillo, dejar un coche cargado de explosivos en cualquier calle y hacerlo volar a distancia, “actos heroicos” que necesitan muy poco valor y muy poca infraestructura; también sé que en estos momentos la única forma de combatir a ETA es la policial-judicial, pero nadie crea que por esa vía se va a acabar con los asesinos y con las 187.000 personas que los apoyan y son su base social. La actuación firme de policías y jueces –por cierto no creo que con los datos que uno tiene en la mano se pueda decir que no lo ha sido durante todo este tiempo- podrá conseguir aminorar los crímenes y acrecentar el número de asesinos entre rejas, pero que nadie descarte que un día u otro, más tarde o más temprano, otro Presidente del Gobierno, o el mismo, vuelva a intentar cerrar ese enorme volcán de odio irracional mediante el diálogo, dejando siempre claro a los desalmados que jamás lograrán nada mediante el crimen, que se hablará sólo de cuándo y cómo dejan las armas. Ocurrirá, y entonces, sea quien sea el habitante de la Moncloa, todos tendremos la obligación de apoyarle, de darle todo nuestro calor, de prestarle toda nuestra comprensión incluso en los momentos en que algunas cosas nos parezcan inadecuadas. El fin de la violencia merece todos los esfuerzos y todos los fracasos porque la desaparición de ETA es inevitable.
Por último, me gustaría decir una cosa: Si ETA, y el Partido Popular por la disparatada oposición que hace en ese tema, quieren publicidad, que se la paguen como cada cual. Creo que las noticias sobre ETA deberían pasar a las páginas de sucesos, ni con mucho es el principal problema de España donde cada año mueren más de mil obreros por no disponer de medidas de seguridad laboral suficientes o por el empleo precario que propicia la economía neocon.