Julio Castro / Javier Parra - laRepública.es
Andaba de bar en bar, de garito en garito, por aquella época quedábamos en grupo más o menos grande, e incluso nos movíamos con cantautores, de los cuales hoy día quedan pocos (que yo sepa). Y una noche de aquellos mediados de los ’90 (yo diría 1994), por costumbre fui con alguien al hoy mítico Libertad 8. Un chaval llamado Ismael Serrano (a saber quién será) cantaba. No podíamos saber la influencia que tendría su múscia en tanta gente, desde aquí hasta el otro lado del océano. Para sorpresa de lo que suele ser ese mundo voraz, él sigue en la brecha, un poco más mayor y con varios discos publicados, pero sobre todo con mucha más experiencia. (J. Castro)
Hoy le hicimos una entrevista aprovechando que comienza a preparar el nuevo trabajo que verá la luz en pocos meses, y la publicaremos en dos partes, una más vinculada a su visión del mundo y de las situación política, y otra con su música.
Estamos a una década de aquel primer álbum que invadió los mercados españoles primero, y luego otros, con una tremenda frescura en sus textos, sus composiciones… en definitiva en su mensaje. ¿Cómo ve Ismael aquella época desde esta perspectiva?
Con mucho cariño, con algo de nostalgia y gran satisfacción por todo lo que ha llovido durante estos años y todo el trabajo que hemos hecho. Aquel primer disco suponía conseguir abrazar un sueño que yo llevaba persiguiendo mucho tiempo, porque llevaba dos años tocando por los cafés de Madrid durante casi dos años, y era un momento de efervescencia con respecto a la canción de autor en especial, porque surgía toda una nueva generación de cantautores. Y sobre todo, existía todo un circuito de locales donde se hacía música en directo muy vivo. Yo recuerdo que prácticamente cada semana se abría un garito nuevo que a lo mejor duraba apenas una semana abierto, pero durante esa semana era visitado por todos los jóvenes que estábamos con nuestra guitarra al hombro tratando de dar nuestra visión del mundo a través de la música.
Eran momentos muy especiales. Yo, por aquel entonces, estaba estudiando la carrera de Ciencias Físicas, y al principio trataba de compaginar la música con la carrera, pero hubo un momento en que pude dedicarme a la música, que me iba exigiendo cada vez más tiempo, porque nos embarcábamos en giras que nos tenían lejos de casa durante bastante tiempo, y al final tuve que abandonar la carrera. Yo creo que todo lo que sé hacer sobre un escenario lo aprendí en aquellos años de cafés, entendí que la música es un diálogo tácito, no siempre explícito, entendí la esencia de este oficio, la comunicación bilateral, la complicidad, ese ir de un lado a otro con la guitarra al hombro, que en definitiva no es muy distinto de lo que hacemos ahora.
Desde entonces hasta ahora han pasado muchas cosas, he podido recorrer gran parte de Latinoamérica, gran parte de España y me ha permitido cumplir muchos sueños. Sobre todo, lo más grato han sido los viajes, que me han permitido conocer realidades que, finalmente, no son tan diferentes. Y me han permitido descubrir que hay una cotidianeidad, unos sueños, unos anhelos comunes en todas partes.
Sobre todo, lo recuerdo con mucho cariño, como si fuese ayer, porque prácticamente, sacar un nuevo disco, supone empezar de nuevo, enfrentarse a esa incertidumbre a la que me enfrentaba con mi primer disco: saber si la gente sigue acompañándote en tu propuesta musical, si sigues atento a lo que ocurre, si sigues contando con esa complicidad de la gente… Y así me enfrento ahora al siguiente disco, con esa misma incertidumbre.
El panorama político no parece haber cambiado mucho en ciertas cosas ¿crees que seguimos “atrapados en azul”?
Yo creo que si cambian cosas, más allá de la política convencional, o de la política parlamentaria, que es bastante inquietante en estos tiempos, en otro tipo de política, la de los movimientos sociales y los movimientos civiles, estamos asistiendo al renacer de una nueva conciencia, que empezó a tomar forma precisamente por aquellos años, a mediados de los ’90 (incluso a principios) y que poco a poco va asentándose, cristalizando en una serie de movimientos que exigen alternativas a la política convencional. Se han creado redes muy importantes y eficaces de comunicación y de solidaridad… O sea, que no quiero ser tan pesimista, quiero pensar que las cosas están cambiando, surgiendo nuevas plataformas de difusión en todos los aspectos, desde lo cultural hasta lo político, y crean espacios para gente que propone sensibilidades diferentes.
En cuanto a la política, no sé si seguimos “atrapados en azul” en algunos aspectos. Como digo, el panorama político en la política convencional observo un poco de desasosiego y un grado de crispación evidente, que ya se vivía por aquel entonces, pero que ahora se está escenificando en el Parlamento, en los discursos de los políticos de forma muy grave y muy irresponsable, porque ellos que tienen que ser los que distiendan y busquen soluciones a los conflictos sociales, lejos de hacer esa función, están haciendo la contraria, que es tratar de trasladar a la sociedad esa crispación y confrontación, lo cual es muy triste a nivel político: es como si metes en el cuerpo de bomberos a un pirómano. Y así están actuando ciertos políticos, sobre todo en los sectores de la derecha más reaccionaria, que no se resignan a perder las cotas de poder que tenían. Yo creo que es el ejemplo de algo que acompañó a la historia de este país desde hace mucho tiempo, y cada vez que la derecha pierde unas elecciones tratan de restarle legitimidad no ya a la gente que adquiere el poder, sino a las mismas instituciones.
Tal vez sea exagerado compararlo con el ’36, pero la historia de este país nos demuestra que encajar la derrota electoral por parte de la derecha es muy difícil, y aún le falta un aprendizaje: muchos pensábamos que ya había asumido esa, enseñanza, pero vemos que es todo lo contrario.
Los miembros de la familia Serrano parecen tener cierto compromiso más personal con el tema de la Memoria Histórica ¿crees que finalmente tendremos una ley justa en este país?
Yo lo que le exijo al Gobierno es valentía para hacer una ley que haga justicia, para toda la gente que sufrió la represión terrible después de aquel golpe de estado en el ’36, y después durante toda la dictadura. Y, sobre todo, una memoria justa en el sentido de que no podemos ponernos en una situación de equidistancia tramposa. No podemos defender por igual los ideales de la República, con un gobierno legítimo, que defender aquel golpe de estado ilegítimo y cruento. Y menos tantos años de dictadura.
No podemos poner en el mismo nivel a las víctimas de ambos bandos como algunos dicen, sobre todo, porque el reconocimiento de ciertas víctimas, concretamente en lo que respecta a las fosas comunes, pasa por una cuestión no solamente política, sino meramente sentimental. Quiero decir que es algo de sentido común. Hay muchas fosas comunes donde están los restos de gente a cuyos familiares les gustaría rendirles tributo, o llevarles flores cuando sea. Es algo que pasa por lo sentimental, por algo muy primario que está por encima de las condiciones políticas.
Por eso, yo le exijo valentía al Gobierno, porque si comparamos lo que ocurre en este país con otros, de Europa mismamente, no tiene mucho sentido: nadie guarda equidistancia con Hitler o Mussolini, y de la misma manera en Latinoamérica. Creo que hay que perder los complejos en ese sentido, y sacarle los colores a toda esa gente que trata de equiparar ambos bandos, y que dice que la Ley de la Memoria Histórica reabre heridas, cuando esas heridas es que están abiertas, la ley sólo pretende compensar a gente que ha sufrido y ha luchado por la libertad en este país. Me parece que es de cajón, y todo demócrata tiene que alegrarse de que eso ocurra, que surja una ley que restaure la memoria de tantísima gente merece ser compensada.
En tus temas, dentro de cada álbum, sueles incluir algún tema relacionado con los conflictos internacionales ¿dónde pones el punto de partida a conflictos como el del Sáhara, o el de Palestina?
Con respecto al Sáhara, yo exijo también valentía al Gobierno de este país para tomar las riendas de un conflicto que no se puede perpetuar como lo está haciendo, sobre todo, con la responsabilidad que tiene este país con el problema del Sáhara: no podemos abandonar a los saharauis después de tanto sufrimiento y de tanto tiempo.
Ocurre igual con Palestina: hay una falta de iniciativa y una falta de valentía a la hora de buscar soluciones reales. Sobre todo, soluciones que tengan una mirada a largo plazo.
Si en el caso del Sáhara, España tiene una responsabilidad muy grande, en el caso de Palestina, la Unión Europea tiene que marcar distancia con respecto a las políticas que se dictan desde Estados Unidos. Si realmente somos esa potencia civil que algunos dijeron, tenemos que tener la capacidad de genera alternativas a lo que está haciendo Israel, que no se puede prolongar, y condenar enérgicamente el cerco a que es sometido el pueblo palestino, los excesos intolerables de Israel, asumir que el pueblo palestino ha elegido a sus representantes, y actuar en consecuencias. No podemos exportar la democracia a cañonazos como se está haciendo en otros países y deslegitimar a los representantes cuando el resultado de las urnas no nos gustan: hay que asumirlo con todas las consecuencias, la democracia es así y hay que buscar soluciones al conflicto, que pasa, muchas veces, por exigir que se cumplan las resoluciones de la ONU, cuyos informes hablan de esos excesos por parte del gobierno israelí, y ponerle fin a ese terrorismo de estado que desde hace años viene masacrando al pueblo palestino, con esas políticas que acorralan, que cercan…
La verdad, suena bastante obvio lo que digo, pero no por eso deja de ser cierto. Precisamente es lo más preocupante de este tipo de conflictos, que cosas que pueden ser obvias y de sentido común, son olvidadas por la gente que tiene la capacidad para hacer que las cosas cambien.
¿En tu nuevo álbum van también los temas en esta línea?
Sí, sigue teniendo esa mirada internacional. Por poner un ejemplo, probablemente ponga el punto de mira en el fenómeno de la lucha indígena en toda Latinoamérica, y la deuda que tenemos con ellos, desde el pueblo Mapuche, en el cono sur, al Aimara y Quechua en el altiplano, a los pueblos indígenas de México. El reconocimiento de una deuda que tenemos con ellos por los años terribles que han padecido. Y por el protagonismo que están teniendo en estos tiempos de cambio social y económico en Latinoamérica: la recuperación de un protagonismo que es de justicia y que era inevitable, porque, gente que ha sido permanentemente excluida de los debates políticos y del juego político, en general, está asumiendo una responsabilidad, y está acaparando la iniciativa política. Me parece que esto puede ser muy saludable en el resto de Latinoamérica, porque va a imprimir una mirada diferente, y se está viendo, exigiendo alternativas a las políticas económicas y sociales que se estaban llevando y que han tenido un resultado desastroso.
En los álbumes siempre hay otros temas intimistas, que parecen ser más profundos a medida que avanza la carrera musical. La mezcla de ambos ¿es un equilibrio, o simplemente compones y cantas lo que sientes y te sale?
Yo creo que es algo natural, que surge desde algo muy íntimo, muy profundo Muchas veces es difícil dirigir el discurso, e inevitablemente, ambos temas se funden porque así ocurre en la vida misma. Uno habla de sentimientos y es capaz de emocionarse ante lo que lee en los periódicos, ante la realidad social que le rodea, pero también, uno es un animal sensible, que se enamora… Forma parte de diferentes ámbitos de mi vida que es difícil separar. Y así le ocurre a todos los seres humanos. Al menos yo no puedo parcelar de esa forma.
Hay una canción muy bonita del cantautor cubano Santiago Feliu, que se titula “Mi mujer está muy sensible”, en la que le dice No es por ti, mi amor son estos días de mierda que también se irán, son Lennon y Guevara que no quieren regresar,… en el que es un ejemplo muy claro de cómo la vida sentimental se ve influida por la realidad político-social que le rodea a uno: “no es por ti, mi amor, son los demás”. El hombre es un animal social, que no puede vivir aislado de lo que le rodea, a pesar de que vivimos en estos tiempos un tanto aislados, a pesar de que nuestra sociedad está cada vez más atontada en muchos aspectos, y vivimos desincronizados con lo que ocurre. Finalmente, la música, lo que hace es sincronizarte con todo lo que te rodea, y uno proyecta su vida cotidiana y su vida sentimental más cercana en esa sociedad que te rodea, y surge ese equilibrio de forma natural.
Ahora te vas a imbuir un poco en grabar tu nuevo disco ¿Para cuándo?
Sí, ahora estamos en ese proceso propio de largas conversaciones, en el que los temas los tengo casi decididos y ahora entramos en el proceso de definir los arreglos, el sonido, cómo queremos grabar… para ponernos ya, dentro de un par de semanas nos ponemos a ensayar en el estudio, y la verdad es que quiero grabarlo con calma y terminarlo a principios de verano, para que salga inmediatamente después.
Aparte hay algunos viajes que tengo a Latinoamérica, a Argentina, sobre todo, donde ya tenemos muy buenos amigos, y llevamos dejándolos desde hace mucho tiempo. Tenemos un par de proyectos que queremos realizar allí, y tengo que compaginar la grabación con esos viajes.
¿Va a participar más gente en el proyecto? ¿Nos puedes avanzar algo?
Estamos precisamente decidiendo eso, cómo lo hacemos, si con alguna colaboración (que sí me apetecería, pero no lo sé). No es algo que esté decidido. Falta un poco y, casi, mirar canción por canción, ver, aunque yo tenga alguna idea, la posibilidad de que se lleve a cabo.
¿Tendrá un carácter más latino?
Sigue teniendo vínculos con Latinoamérica. Es inevitable, porque hay varios temas que pasan por allí, en cuanto a la temática y en cuanto a la forma: en cuanto a lo musical hay cosas como una zamba o una samba, pero también hay cosas que pasan por aquí, temas con cierto aire flamenco.
Ya que la entrevista es para el diario laRepública.es, quiero preguntarte: ¿crees que algún día encontraremos aquella República que se robaron?
Yo confío en que sí. No solamente porque la gente se está cuestionando lo que supone una República en cuanto a la Jefatura de Estado, que también eso cuenta (el hecho de que la gente se pregunte por qué no podemos elegir democráticamente a nuestro Jefe de Estado), sobre todo, viendo cómo la familia real crece y crece y crece y… Y se cuestionan mucho el papel que tiene y el que representa. Pero la República no pasa sólo por ahí, la República simboliza una forma de entender la sociedad y la organización de todo un país, y creo que poco a poco la gente joven (sobre todo), según se va informando, va acercándose a lo que fue la República en sus valores, y los va teniendo como referente.
Yo recuerdo aquel acto que se hizo en Rivas por la Memoria Histórica, en reconocimiento a tantos republicanos que sacrificaron gran parte de su vida y de su tiempo para luchar por esos valores. Ese acto estaba lleno de gente joven que tenía los valores de democracia, de cultura, de laicismo, de pacifismo, tan representados en la República, y los tenía como referente al que acudir y al que imitar, y esto creo que fue precisamente lo más emocionante de ese acto. Y creo que esos referentes están apareciendo cada vez más en el debate social, en el debate de la gente: desde el laicismo, precisamente, al pacifismo, al federalismo… Yo creo que esto es inevitable, porque forma parte de nuestra cultura política, y es nuestro antecedente más inmediato a la democracia que hoy vivimos, aquella República que, como bien dices, nos robaron, representa los valores, la esperanza más cercana de un mundo más justo en lo social, en lo económico, en lo político.
Yo creo que es algo inevitable y, en cualquier caso, es algo a lo que debemos tender.
Pues muchas gracias, y podemos dejar nuevas preguntas para cuando salga el disco.
Pues encantado.