Julio Castro y Javier Parra / laRepublica.es
Ayer, tras 40 minutos encerrados en el metro de Madrid, decenas de pasajeros iniciaron una protesta que acabó con la detención de un jóven estudiante de Derecho. El joven fué golpeado, esposado y detenido por la policía por, según cuenta una fuente cercana al jóven, defender los derechos de los viajeros.
La Policía le acusa, entre otras cosas, de "atentado contra la autoridad" y "desobediencia", dos cargos muy graves por los que pueden mantenerlo retenido hasta tres días. Hugo se encuentra en una comisaria de Moratalaz, y según su familia, está hundido. Sus padres, que no saben que hacer, buscan ayuda entre los viajeros que ayer fueron testigos de su detención, quienes pueden dirigirse a gredosvet@tiscali.es.
Desmayos por calor y asfixia, desconcierto total, gritos, discusiones, llantos, rebeliones a bordo. Esto podría ser una película, pero no fué más que un nuevo episodio de la aventura de viajar en metro en Madrid, que viene ocurriendo desde hace unos tres años.
Desde que con la nueva legislatura se comenzaran las obras de ampliación del transporte suburbano madrileño, los ciudadanos tienen que sufrir de continuo cortes, retrasos, viajes a cámara lenta, atascos en los túneles. No parece normal que un transporte público que debe ser el de mayor eficacia, y que debiera proporcionar seguridad y llegadas en breves períodos de tiempo a los centros de trabajo, de estudio o de ocio, pero lo cierto es que hoy día vivir en Madrid es un conjunto de pesadillas continuas: años de obras para soterrar la M-30, que se pagará en 35 años; años de obras con líneas de metro cortadas durante meses, para la "ampliación y mejora"; colapsos urbanos constantes; accesos y salidas de la ciudad con reducciones de carriles; y un transporte público que cada día es más caro pero da menos abasto.
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Lo cierto es que la cosa ha trascendido a muchos medios, porque el corte ha dividido la ciudad en dos durante más de una hora, haciendo que numerosas personas no pudieran llegar a sus lugares de destino. Entre tanto, el alguno de los trenes ha habido un amago de motín, mientras el maquinista del convoy de Cristina llamaba a su superior, que por su parte no respondía. Algunos opinaban que "
Algunos pasajeros han llegado a pensar que se trataba de una huelga encubierta, o de un aviso de bomba, aunque la realidad es que, poco a poco, esto se va convirtiendo en la rutina diaria de nuestro transporte público.
Tras los graves incidentes, los Verdes han exigido que la Comunidad de Madrid empiece a invertir en el mantenimiento del transporte publico y han denunciado que la calidad del metro este bajando de una forma alarmante, con continuas averias y cortes en el servicio. Además, han pedido que se cree un plan integral del transporte en la Comunidad de Madrid en el que se potencie de una forma real el transporte publico y se desincentive el uso del vehículo privado para mejorar la calidad de vida de los madrileños