Entonces también nos pegaban en las calles, entonces también nos hacían correr, y nos disparaban pelotas de goma, y botes de humo. Entonces también eran tiempos de escudos y cascos, de amenazas y miedos, y derechos mermados, y acuerdos tácitos o explícitos contra los ciudadanos y las ciudadanas, y a favor de tapar (que no enterrar) el fascismo que había imperado, a favor de aquellos mismos, que por las calles, sin uniformes, pero con gomina y a cara tapada, pegaban con palos cadenas, puños de hierro, bates de béisbol, ¿te acuerdas, Alfredo? Pero también con pistolas. Claro, también con pistolas.
Yo sí me acuerdo, porque tengo una memoria, no enciclopédica, pero sí precisa. Y analítica. Esto es lo que me pierde, porque podría vivir muy felizmente sin ello. Pero, ¿y tú, Alfredo? ¿Te acuerdas tú?
Siempre he dicho que tú, lo que eras, es un magnífico docente, no tengo reparos en decir que fuiste uno de los mejores que tuve en la Facultad. Probablemente, porque más allá de enseñar, convencías: y así debía ser también en política, por eso en tu partido te llamaron rápidamente en aquel año ’82 en que ganó el PSOE. Algunos, jóvenes ingenuos, creímos que realmente, aunque no ganaba la opción política que nos representaba, algo cambiaba de raíz: yo lo creí aquél día que tomábamos unas cañas en “la mitocondria” (¿te acuerdas del bar con escritos de Kavafis y canciones de Llach y de Silvio en las paredes? Luego lo "blanquearon"), porque te ibas de la docencia al Ministerio de Educación, con Javier Fernández Vallina y otros. ¡Qué tontería, si el cambio de raíz se había producido aquél 23F definitivamente, y había sellado los destinos de este país!
No obstante, recuerdo, y quisiera que recordases, el aula en que dábamos clase, la que todos llamábamos “la nevera”, por su ausencia de calefacción. Pero no que la recuerdes porque sí, sino porque había algo que le daba mucha calidez humana y mucho frío en el alma, y es que durante años, permaneció en aquellas paredes. Un escrito que decía “José Luis y Emilio, no os olvidamos”. Se trataba del particular homenaje de sus compañeros a José Luís Montañés Gil y Emilio Martínez, estudiantes asesinados el 13 de diciembre de 1979 por la policía en Atocha, durante el gobierno de la UCD. Luego, también lo "blanquearon".
En las calles gritábamos “¡UCD, UCD, LA PISTOLA SE TE VE!”. Y se les veían las pistolas, y los crucifijos, y los fajos de billetes sobresaliendo ensangrentados. Corríamos por la universitaria, por Moncloa, o yendo a La Moncloa (o intentando ir, como los del “aceite de colza”). Siempre nos pegaban los mismos.
No puedo dejar de recordarlo, tantos años después. Porque yo sigo corriendo, y viendo cómo agreden a los jóvenes. Esta es otra juventud ¿te has dado cuenta? Es más fácil pegarla, porque es menos violenta, aunque de vez en cuando surjan violentos fascistas provocadores entre los grupos, para que parezca que hay otra cosa. Pero ahora, tú, el que nos llamó a la rebeldía alguna vez, eres el que manda a los que pegan.
¿Cómo contaste en la cena del día 23 o en la del 24 de diciembre, lo que había pasado en la manifestación de jóvenes por una vivienda digna del sábado?
¡Ah, ya! “Había que hacerlo”.
Claro, esos argumentos de peso también los utilizaron los Martín Villa, los Fraga, y otros fascistoides herederos del “asesino en jefe”. No, no me sorprende mucho. ¿Me decepciona? Pues mira, he de decir sorprendido que tampoco. Pero ¿y a ti?
Yo, con mi cámara fui sacando una tras otra las cargas violentas, escuchando los alardes de violencia, grabando en mis oídos, dejando impresionada en mi retina, la barbarie de algunos de tus muchachos que, mientras otros, que también tienen hijos y también tienen hipotecas, intentaban minimizar los golpes a los manifestantes, aquellos descargaban su virulencia sobre chavales y chavalas.
Alfredo, he visto arrastrar a una muchacha por los pelos, sujetarla en un abrazo por detrás, y llevarla de malas maneras a la furgona, por el simple hecho de haberse parado a auxiliar a un compañero herido por los golpes crueles y sin motivo de los policías… he visto pegar y amenazar a muchachos y muchachas porque sí, he visto atacar a los manifestantes por la espalda, al comienzo de todo, cuando se retiraban de la sentada de la Carrera de San Jerónimo, cansados de que no les dejasen pasar. ¿Qué sentido le ves a todo esto?
Supongo, Alfredo, que como “hombre de Estado” que te sientes, permanecerás en tu puesto, porque “alguien tiene que hacerlo”. Y nadie se moverá en la Delegación del Gobierno, claro.
Muchos y muchas hemos creído y apoyado a ciegas el proceso de paz, y lo seguiremos apoyando: en esto sí. Pero hoy no puedo respaldar a quiénes repiten la historia: en esto no. No hay violencia justificada.
Piénsalo: si algunos recordamos a José Luis y a Emilio, corres el riesgo de pasar a la historia.
Y a este gobierno (que siempre será mejor que el anterior, porque peor que aquellos no creo que quede nada), decirle que corre el riesgo de que no se llegue siquiera a las elecciones municipales de 2007, porque tenemos una España corrompida desde los cimientos municipales, podrida en las instituciones, y una vez que esto sale a la luz no se puede ocultar. Todos los días hay más y más gente implicada, y llegará un momento en que haya que decir ¡Se acabó! Porque cada sustituto y sustituta que aparecen tienen manchadas las calzas de dinero negro.
Tal vez porque llevan muchos años "blanqueado" todo, ahora no son los mensajes de las paredes ni la memoria, ahora es el dinero.
¿Hasta dónde llega la trama? ¿Puede soportarlo este país? ¿Creéis que la gente va a quedarse en casa viendo como los supuestos representantes políticos se descubren como presuntos mafiosos de la construcción y la corrupción generalizada? ¿Pensáis que nadie se da cuenta? ¿Quién espera un baño de sangre ciudadana? Esto no es ya un proceso para llevar con pinzas y poco a poco, debe destaparse todo, y hasta las últimas consecuencias, porque se dispara en las calles, porque ya no hay sumisión, ni pronto habrá sometid@s.
Entretanto, yo deploro toda vuestra violencia contra estos muchachos y muchachas que son mis conciudadan@s.