Acabo de leer su artículo, lamentablemente no no novedoso en su contendio, aunque si exquisito en su tratamiento.
Me parece muy ineresante la referencia que hace a la necesidad de la existencia de redes que hacen posible la corrupción y al tema de las recompensas.
Como funcionario público de enseñanaza ha sido testigo (y víctima) de un lamentable caso de de corrupción de grandes dimensiones que afecta a un sector de tamaño no despreciable en el ámbito educativo de la Comunidad Valenciana: las Escuelas de Adultos, donde, especialmente en poblaciones de pequeña o mediana entidad, se utiliza la posibilidad de acceder al título de Graduado en ESO, de una forma que tiene mucho que ver con la compra (o pago) de favores y con la constitución de entramados con claro signo político.
Lo realmente lamentable del caso que refiero, no es sólo la implicación institucional o de cargos directivos, sino la colaboración tácita de organizaciones sindicales, que no únicamente omiten su actuación sino que colaboran activamente en su cobertura, especialmente ante la afinidad política de los participantes directos.
El problema de la corrupción, como usted muy bien decía, no es el corrupto en si, es su dimensión, su extensión entre la ciudadanía y entre los necesarios colaboradoes (generalmente vinculados a la Función Pública) que lo hacen posible y lo que es peor "normal".
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