Elena Gómez
Hace poco, en una de esas charlas entre colegas que surgen tras unas cuantas cervezas de mas, en las cuales las conversaciones suelen derivar hacia la política o hacia pensamientos psicológicos sin pies ni cabeza, alguien comentó que estaba harto de que en España solamente se tomaran en consideración dos partidos políticos. No era la primera vez que lo oía, muchos fueron los que se quejaron tras las últimas elecciones del bipartidismo español (incongruentemente, tras haber votado a uno ú otro partido)
Sin embargo, esta vez me dio por pensar en las posibles causas de esta situación. Y llegué a la conclusión de que la explicación podría encontrarse donde siempre: retrocediendo en nuestra historia hasta lo que fue su gran lacra, la guerra civil española. Parece mentira que, a pesar del tiempo transcurrido, la decisión de la mayoría de los españoles todavía esté influenciada por esa guerra entre hermanos y la dictadura que acarreó.
Obviamente, la derecha siempre contará en sus filas con las grandes fortunas del país; terratenientes, proletariado, la derecha arcaica de toda la vida y los nuevos ricos (siempre es sabido la debilidad de esta ideología por el dinero); la secta de la iglesia católica y sus seguidores mas acérrimos (si los representantes de dios votan al dinero, yo que creo profundamente en él no voy a hacer algo distinto)
La izquierda contará entre sus afiliados a las clases más humildes y obreros; por tradición, según dice el refrán: “No puede haber alguien mas gilipollas que un hijo de obrero que vote a la derecha”.
Dejando aparte los votantes por ideología propia, con unas ideas arraigadas por tradición familiar ó por convicción propia, los cuales son los menos; el resto de los votantes, siempre según mi opinión, ejercen el voto del miedo.
Mayores de 45 años. Aquellos que sufrieron en sus propias carnes la dictadura, siempre votarán a un partido considerado “grande”. Tienen un miedo atroz a volver atrás y su voto irá por dos derroteros: a quien le de la seguridad de ser un partido estable y democrático y a los que sean monárquicos. La gran mayoría piensa en la monarquía como la institución que sacó al pueblo español de las garras de un dictador. Obviando el gran trabajo de los políticos de entonces, todos han quedado ninguneados por el “rey salvador”. Y todo esto sin contar el 23-F, el cual prefiero no comentar y que reforzó totalmente esa idea (por si a alguien le quedaba alguna duda)
Menores de 45 años. Su voto irá condicionado también por miedo. Los que han vivido la guerra de Irak y constataron la poca validez que tiene la opinión del pueblo cuando a algún político se le mete algo en la cabeza. Su voto irá al único partido que puede hacerles frente. No es un voto a un partido concreto, es un voto a “con tal de que no salga la derecha, lo que sea”. O sea, voto al partido de izquierdas que mas posibilidades tenga de ganar (me da igual como se llame) La mayoría tienen en su mente los horrores de la dictadura, implantados en ella por sus mayores; con lo cual votarán un partido mayoritario para que no vuelva a repetirse esa aberración histórica.
¿Y los jóvenes? Apolíticos total. La nueva generación está mas interesada en vivir cómodamente, salir de borrachera y vivir el día a día que pensar lo que les pueda deparar el futuro. Aparte que no normalmente no conoce cuales son las ideas defendidas por cada partido político, no votarán (la mayoría de los casos) ó su voto irá condicionado por la tradición familiar, no por sus ideas propias.
Pero si, obviando todo lo anterior, me guío por los partidos alternativos a las dos grandes opciones, la cosa pinta peor todavía.
Pongamos el ejemplo de los partidos republicanos mas conocidos (PCE e IU); ambos anclados totalmente en el pasado. Perdidos en un universo propio incapaz de conectar con el exterior; porque, si la gente no sabe las ideas en las que se basan dichos partidos, no van a perder el tiempo en fijarse en sus programas. Necesitan un líder con un par de cojones (si La Pasionaria levantara cabeza..) al que no le importe patearse España dando a conocer sus ideas, no su programa, sino en lo que creen.
Porque la República ha sido vilipendiada y ninguneada en la guerra civil y en la dictadura. Nadie sabe el qué defiende, excepto que no quiere monarquía. Y creo que un partido republicano debe defender mucho más que eso.
Si se pregunta a alguien quienes eran los republicanos, sobre todo a la juventud, la mayoría contestará: “unos muertos de hambre que mataban curas (y quitaban –añadirán unos pocos – el dinero a los ricos)” Me juego el cuello a que casi nadie sabrá que fueron los primeros que, por poner un ejemplo, abogaron por la igualdad de la mujer; y solamente decir en aquella época que la mujer podía votar ya era echarle un par de huevos. El empuje que ahora falta.
E incluso hay mucha gente que piensa que la república fue la causante de la guerra civil. De hecho, es común la frase “¿Cómo puedes estar a favor de la república? ¿Acaso quieres que haya otra guerra civil? ¡Mira la que armaron cuando estuvieron en el poder!”. Como si la culpa de la guerra la hubiera tenido la república y no un loco bajito que se lió a tiros para autoproclamarse jefe de estado (pasándose lo que los españoles habían votado en las urnas por donde os imagináis)
Así que si la república y su historia han sido maltratadas hasta tal punto de que nadie conoce lo que defiende, dudo mucho que la gente vaya a votar a un partido al que acusan de la inestabilidad que hubo en España. Es como una casa vieja, a la que hay que demoler porque nadie confía ya en ella. Para ello, dejan los cimientos a la vista y los refuerzan: a partir de ahí se empieza a construir la nueva casa, similar a la antigua, pero adaptándose a las circunstancias. Hasta que los partidos republicanos no dejen a la vista esos cimientos, den a conocer su base, la gente no va a confiar en ellos. Independientemente del programa que tengan, ellos verán la imagen que les han impuesto durante mucho tiempo.
En cuanto al resto de partidos minoritarios, exceptuando los independentistas y demás a los que no voy a considerar aquí, suelen considerarse simples escisiones de los principales. Son como niños que ganan un premio y, de repente, se enfadan: a ti te ha tocado mas que a mi; yo esa idea concreta no la comparto; pues hala, ahora me voy y hago un partido nuevo para hacer lo que me de la gana. No entiendo como pretenden que haya gente que vote un partido surgido de una rabieta.
En definitiva, siempre ha habido dos corrientes: nacionales y republicanos, derecha e izquierda, PP y PSOE. Incluso hace gracia que haya gente que esté harta de los unos por la guerra de Irak, de los otros por la crisis y, como conclusión diga: “pues ahora voy a votar en blanco”. Hasta tal punto existe el menosprecio y desconocimiento hacia otros partidos.
Pasamos de una dictadura franquista a una dictadura del miedo. Ojala el día de mañana consigamos llegar a una dictadura de libertad, en el cual nuestro voto esté condicionado únicamente por lo que realmente creemos, no por la represión ni el temor.
** Elena GómezAmándome”