Guillermo Nova-larepublica.es
En su reciente gira por España La República entrevistó al analista francés Marc Saint-Upéry autor del libro "El sueño de Bolívar" de la editorial Paidós, en el que presenta una visión de los procesos de trasformación que se están dando en el continente latinoamericano.
Desde la victoria en 1979 de la revolución popular sandinista hasta la primera de Chávez en 1998, han sido casi 30 años de dominio neoliberal y del consenso de Washington ¿ se abre una nueva etapa con las recientes victorias en distintos países latinoamericanos?
Seguramente se abre otro periodo pero que primero ha necesitado un periodo de incubación que fueron los años noventa que empezó con el Caracazo, levantamientos indígenas en Ecuador, el caso del zapatismo en México o el corralito en Argentina. Pequeñas revueltas locales que han ayudado
La excepción es Brasil que a pesar de las enormes desigualdades que tiene, no tenia unas grandes movilización o rebeliones politizadas como en otros países, si exceptuamos el sector de los campesinos sin tierra, la izquierda no llegó al gobierno en una ola de movilización.
Pero este primer ciclo está cerrándose porque la crisis económica mundial abre una situación paradójica, por un lado a nivel ideológico convalida estos cambios por el fracaso del capitalismo y de sus políticas, pero también esta situación económica va a dificultar mucho la acción de estos gobiernos, poco a poco las políticas de integración que se están llevando a cabo están cumpliendo con el sueño de Bolívar.
Desde la propia izquierda europea o incluso desde Estados Unidos por el tratamiento que le da, se intenta trasmitir que hay dos tipos de izquierda en Latinoamérica, un eje de izquierda moderada y otro radical. ¿Pero realmente hay estas diferencias?
Hay diferencias, pero todos estos países tienen democracias representativas y elecciones que se podrían decir incluso burguesas.
Hay un eje Quito-Caracas-La Paz que comparte ese mito refundacional, los tres países han tenido Asambleas Constituyentes, con un discurso claramente de refundar la república. Mientras que en Brasil o en Uruguay hay claramente un continuismo, con fuertes o moderados giros a la izquierda, pero no con la idea de refundar el país.
Si uno mira de cerca las políticas públicas, económicas y sociales uno se da cuenta que o las diferencias son más importantes que las similitudes en países supuestamente semejantes o hay similitudes entre países de esos supuestamente diferentes.
Por ejemplo una cosa que me parece básica es una reforma tributaria en América latina en un sentido progresivo. En diez años de revolución en Venezuela no ha cambiado el sistema tributario en modo radical, lo que hay es una redistribución de la renta petrolera. En cambio si que han tomado unas medidas en este aspecto, que en Europa podríamos calificar de socialdemócratas, lo cual para Latinoamérica es bastante progresista, las han realizado Tabaré Vasquez, un supuesto moderado y Rafael Correa un supuesto radical.
Se habla de que hay una competición entre estas dos izquierdas, que se solapan, pero yo realmente no veo esto, un ejemplo son las relaciones entre Venezuela y Brasil, en cambio el gran conflicto regional que hay es entre Uruguay y Argentina y no es un conflicto político ni ideológico.
La mayoría de los líderes de estos procesos de cambio en el continente no vienen de una tradición partidista o de una tradición organizativa.
Lula tal vez más, pero en una manera que recuerda más al de la socialdemocracia de finales del siglo XIX donde los sindicatos creaban su expresión parlamentaria y el cuadro sindical se vuelve un dirigente político.
También sería en el caso de Uruguay con Tabaré que es la expresión de una construcción partidaria de la izquierda, pero tenemos por ejemplo el caso de Correa que viene de la nada, ha tenido cierta experiencia en organizaciones católicas pero era un desconocido en el ambiente militante activista en el Ecuador. Evo Morales es expresión de un movimiento social que se vio obligado a convertirse en partido pero que como tal tiene poca organicidad y Chávez es un militar que creó un vínculo directo con la población.
El problema que le puede venir a estos procesos es que estén tan polarizados en torno a los líderes.
Claramente este es uno de los grandes problemas y esto sucede incluso en el caso de Brasil que tiene el proceso partidario más orgánico o estructurado, pero donde el peso de Lula va más allá de su partido.
Usted ha defendido que es democrático y legítimo la posibilidad de reelección del presidente Chávez pero también ha dicho que no le votaría, ¿por qué?
Es una opción personal que puede discutirse, pero aclaro que me parece hipócrita y contraproducente la crítica que hace la oposición cuando dice que la reelección es imponer una dictadura, dado que esa posibilidad existe en cualquier democracia liberal.
Eso no impide que yo piense que la idea que uno puede estar en el poder hasta el 2030 no me parece muy sana y me parece además que si después de diez años de revolución no se pueden de aquí a cuatro años crear equipos colegiados de dirección, es que esta revolución tiene un profundo problema.
¿Considera que la oposición venezolana apuesta decididamente por una opción democrática o todavía no descartan las ideas de golpe o de imposición violenta?
La oposición venezolana me parece profundamente mediocre, son más empresarios metidos en política o con pasado dudoso, por lo que no he encontrado a nadie que me deslumbre, pueden tener algún asesor con agudeza, pero yo en el último año y medio he notado una maduración mínima que les ha llevado a la conclusión, que la vía de la subversión no triunfa, no sé si es sincero o no pero la mayoría se ha convencido de eso.
Pero la oposición lo tiene muy difícil por no tener una personalidad que aglutine como lo hace Chávez, además tienen mucha fragmentación e intereses mezquinos, pero sobre todo el principal problema es que no saben que quieren hacer en Venezuela.
La última victoria en la zona ha sido en Paraguay, ¿que puede aportar el presidente Lugo a estos procesos?
La situación en Paraguay es muy difícil porque es un país muy pobre, con muchos años de dictadura donde los movimientos sociales están apenas emergiendo después de tanta represión,
Fernando Lugo lo tiene muy difícil la verdad, pero puede ser una buena prueba para el Mercosur, para ver si sirve a sus socios más pobres.
Ha quedado demostrado el fracaso de Bush y su administración en su política hacia latinoamérica con perdida de influencia, ¿con la llegada de Obama a la Casa Blanca que etapa se abre?
En estos momentos Latinoamérica está en el quinto o sexto puesto de las preocupaciones de Estados Unidos, tienen un enorme problema interno con la crisis económica que va a tener consecuencias sociales muy graves y tienen problemas enormes en Iraq y Afganistán.
En América Latina seguirán de cerca el tema cubano, no creo que suspenda el bloqueo porque tendría un coste político interno muy fuerte para Obama, porque le van acosar el lobby cubano y republicano y el otro tema que preocupa mucho en Estados Unidos es el tema de México por la enorme degradación de la situación interna, que en algún modo es una colombianización.
Todo esto hace que hacia estos gobiernos de izquierda en Latinoamérica por pura inercia, por falta de capacidad de atención, habrá un estilo más abierto.