Como el niño grande que es este despreciable criminal hecho rey en un país que no le pertenece, juega al parchís con piezas humanas reales a las que se merienda o se desayuna según le apetezca. Ahora juega con la vida de Aminetu Haidar una vez más y con la diplomacia española, como si todo estuviese dispuesto en este mundo para su capricho de pequeño niño idiota, al que todo se le permite desde cualquier país del mundo.