La iglesia católica, esa gran franquicia. Hay que reconocer que la idea es elaborada, su producto tiene menos costes que los de las hamburgueserías o las cadenas de ropa, pero su complejidad es mucho mayor. Hacer que todo el negocio gire alrededor de un ente inexistente y que la gente lo compre,
es el mejor resultado que se le puede pedir a una buena campaña de marketing.
Durante mucho tiempo y con una organización sin precedentes, esta multinacional, ha permanecido en la brecha del negocio con muy pocos contratiempos, copando el consumo europeo e intentando diversificar mercados.
A lo largo de su historia ha hecho falta una buena cintura política para acercarse a las velas que más alumbraban, consiguiendo en ocasiones, decidir cuando había que encender la mecha y cuando no. Esta habilidad le ha llevado a invertir el juego del poder en muchas ocasiones, actuando independientemente y colocando a los demás poderes a su servicio, como ejecutores de sus estrategias
comerciales.
Desde muy temprano supo copar los medios de comunicación, más o menos tecnológicos, pero con el máximo alcance en cada época. Las pinturas en los muros ayudaron mucho a la gente analfabeta a entender que debían consumir aquel producto,
por que de lo contrario, sufriría irremediablemente. En la actualidad los medios son más avanzados, pero el mensaje de miedo, sangre y represión sigue siendo el mismo.
En momentos puntuales en los que vio peligrar su mercado, llevó a cabo campañas de promoción a nivel mundial, las más populares son las conocidas como cruzadas, que no solo consiguieron hacer nuevos clientes, sino que además eliminó
gran parte del mercado de la competencia.
La imagen corporativa es sencilla y fácil de recordar por los consumidores, además de que siempre va acompañada por una estrella mediática que se convierte en la cara de la marca de por vida, y que incluso se sigue explotando una vez fallecido. A partir de esa imagen mediática se diseñaron los uniformes de los trabajadores que permiten ser identificados hasta fuera del contexto habitual en el que se consume el producto.
Su organización interna es envidiada por las multinacionales más importantes.
Al carecer de familia sus empleados, y ser la propia compañía la que les facilita la vivienda y la manutención, los sueldos son mucho menores. Con una organización completamente dividida en sexos, se evitan los tonteos entre compañeros y por tanto se evita perder tiempo, aumentando la productividad.
Se convence al personal, que los sindicatos no son útiles puesto que el gran ente o producto vela por su bien. Las normas de comportamiento interno pueden ser evitadas, siempre y cuando no afecte a un miembro de la compañía de rango superior, y además no trascienda fuera de los muros de la franquicia, y se permiten actitudes contrarias a las leyes de los estados donde se comercia, siempre que no se haga público. Esta norma llamada la Ley del Silencio,
fue copiada por otras organizaciones, tales como La Cosa Nostra y otras dedicadas a los mismos mercados.
Es la única empresa del mundo que ha conseguido tener un estado propio, sin responsabilidades en el orden mundial, pero con derecho a intentar intervenir en la política interna de otros estados independientes.
Con todos estos logros es posible entender que en una época contraría al consumo de su producto, esta empresa pierda consumidores pero no ingresos.
Todo esto se debe a la gran actuación de su dirección desde hace muchos años, diversificando los beneficios, y aprovechando su condición de estado, para evitar las grandes perdidas que suponen los impuestos.
No habrá habido ninguna sociedad a lo largo de la historia que halla obtenido más beneficios con un solo producto, que además no ha llegado nunca a producirse.
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