Marcelino Camacho siempre se quejaba, con su socarrona amabilidad, de los tres minutos de que disponía para intervenir en el Consejo Política Federal de IU, del que fue un miembro destacado. Sin perder su sonrisa nos decía, “no consiguió Franco que me callará y la mesa de este Consejo lo va a conseguir”.
Lo primero que se me viene a la mente al recordar a Marcelino es la emoción y el dolor que, estoy seguro, siente la inmensa mayoría de los trabajadores y trabajadoras. Con su desaparición física perdemos a una figura esencial para el movimiento obrero y para la propia historia de este país a lo largo de la segunda mitad siglo XX. No en vano, en Marcelino los trabajadores tenían un referente claro, alguien que nunca les falló, alguien que nunca perdió el norte y que sabía cuál era su sitio. “Mi relación con Marcelino Camacho – escribió Rafael Calvo Ortega, ex ministro de Trabajo de la UCD- fue todo lo frecuente e intensa que él consideró conveniente”. Así era, coraje y coherencia a la par. En él tenían los trabajadores un referente claro, alguien que nunca les falló.
Marcelino, la honestidad personificada en el hombre de la Perkins, el hombre del jersey de lana, el fundador de las Comisiones Obreras, el camarada del Partido Comunista de España, el compañero de Izquierda Unida, encarna un siglo de vida y lucha de esta España nuestra. Nacido en 1918, el año que pone fecha a la peor pandemia de la historia –la llamada ‘gripe española’- y al final de la Primera Guerra Mundial. Su vida es reflejo fiel de su tiempo. Guerra, exilio, represión, penuria, sindicalismo, política, cárcel y, sin embargo, ni la suma de todos esos factores borraron la sonrisa de la geografía de su cara.
Hace un año, más o menos, acudí a la entrega de los ‘Premios Dolores Ibárruri’, que otorga la organización de IU en Leganés (Madrid). Los galardonados eran Aminetu Haidar y Marcelino Camacho. La heroica activista saharaui sí acudió a la ceremonia; pero él, debido a su enfermedad ya no pudo asistir, al menos de forma física. Ante la imposibilidad de contar con su presencia, los organizadores tuvieron la muy brillante idea de grabar unas imágenes de vídeo en su casa, junto a su inseparable Josefina, unas secuencias de ese mismo día por la mañana. Escribo estas líneas y me vuelvo a admirar con el recuerdo de Marcelino, en una escena ritual, sentado en su mesa camilla con su periódico abierto y con un bolígrafo en la mano. Estudiando hasta el final, Marcelino, más allá de su afección, seguía subrayando las líneas principales, las claves. Aquel era Marcelino Camacho en estado puro, fiel a su costumbre de entender para luego actuar.
Alguien ha escrito en Mundo Obrero, y yo comparto esa opinión, que “la trayectoria humana y política de Marcelino merecería ser explicada en las escuelas. Al menos en las públicas”. No es para menos, pues su vida biografía sintetiza un siglo de lucha y una idea que inundó la conciencia de la clase trabajadora. El azaroso siglo de un español y de un comunista.
La historia tiene sus paradojas, muchas veces caprichosas. Hace cien años, tal día como mañana, nació Miguel Hernández, el llamado poeta del pueblo. Mañana, día 30 de octubre de 2010, a las dos de la tarde, despediremos en el Cementerio Civil de Madrid a Marcelino Camacho: Historia de un compromiso
Gracias, por tantas y tantas cosas Marcelino.
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Leo hoy, 22 de octubre, en el diario El País en su edición de la Comunidad Valenciana que el joven se llamaba Daniel Oliver Llorente, y estudiaba en la Facultad de Derecho de la Universidad de Valencia donde cursaba quinto de dicha materia. Daniel falleció hace tres años al recibir un puñetazo que provocó su caída al suelo golpeándose la cabeza lo cual provocó su muerte. Daniel no murió, a los siete días de recibir ese fatal puñetazo, como consecuencia de una pelea de “patio de colegio”, no, Daniel dio su vida por defender a una chica que estaba siendo agredida por su pareja. Es este un caso que yo francamente no recuerdo, y dicen los que me conocen bien que tengo muy buena memoria, por tanto no creo que se le diera mucha difusión a este luctuoso hecho. No corrieron ríos de tinta ni las emisoras de radio y televisión nos agobiaron con sus reiteradas informaciones, durante los siete días que duró la agonía de Daniel, sobre lo que le sucedió a este hombre joven por ser una persona de bien. Otros que como él sufrieron serios problemas físicos por defender a mujeres que estaban siendo agredidas por sus parejas, como es el caso de Vicente Pascual García, vecino de la alicantina población de San Juan, que recibió un disparo en la cara por intentar librar a la mujer de las garras de su agresor, que ha pasado por siete operaciones y que le han quedado importantes secuelas. Vicente fue “premiado” con la retirada, repito, retirada, de una pensión de 600 euros. Esta el caso del valenciano que sufrió una puñalada que le ocasiono graves heridas por defender a una mujer que estaba siendo agredida por su ex compañero. Daniel, Vicente y el valenciano cuyo nombre no salió en ninguna parte, al menos no en la prensa escrita que yo leí, han pasado como héroes anónimos, sin embargo estamos asistiendo al seguimiento, con parte médico casi diario, del estado de salud de un señor que puede que en su día realizará un acto heroico pero que su actitud posterior al hecho ha dejado mucho que desear, hasta tal punto que su forma de ser y actuar ha sido cuestionada tanto por los medios de comunicación, esos que tanto ensalzaron su gesto, y por la opinión pública. En este caso sí corrieron ríos de tinta y las emisoras de radio y televisión nos agobiaron repitiendo una y otra vez lo que ya anteriormente habían informado. Así es la vida. Unos nacen con estrella y otros nacen estrellados. Pienso yo.
Fue en 1977 cuando Fidalgo, que como su nombre indica era hijo de alguien, como todos, se afilió a Comisiones Obreras, un sindicato comunista que había logrado infiltrarse en las estructuras verticales e imperiales del régimen, un sindicato que había organizado las mayores contestaciones contra el fascismo español en la década de los sesenta. En aquellos años de la “transacción” estaba casi de moda ser comunista, lo eran hasta algunos pijos de la calle Serrano y adyacentes. Para algunos, ser comunista era estar al día, una excusa para salir de cañas, una fórmula para intentar llevarse a alguien al catre o de vivir la vida alegre. Así al menos lo entendieron muchos que pasados los años dejaron Comisiones y el PCE para alistarse en las filas de la derecha más rancia, caso de don Ramón Tamames, por poner un ejemplo significativo y de todos conocido.
Marcelino Camacho luchó contra el fascismo durante nuestra guerra civil, lo siguió haciendo después, durante toda su vida, indomable, fiel a sus ideales. Pasó años en las cárceles de posguerra, en los campos de trabajo franquistas. Exiliado en Francia, regresó en 1957 para fundar Comisiones Obreras sin importarle la feroz represión ni los riesgos que corría en la aventura. En 1967 fue encarcelado, pasando nueve años en la prisión de Carabanchel, de la que salió tras la amnistía de 1976. Fue diputado a Cortes y Secretario General de Comisiones Obreras hasta que vio que el sindicato comenzaba a virar a la derecha, a hacerse más doméstico con la llegada de las nuevas hornadas, más modernas y complacientes. Camacho, que convocó la primera huelga general contra González, siguió siendo durante unos cuantos años presidente honorario del sindicato, abandonando el cargo cuando comprobó que se imponía dentro de él una línea contraria a la que él defendió siempre, la del sindicalismo de clase. Hasta hoy, con noventa y dos años, Marcelino Camacho ha vivido con su compañera en un modesto piso de sesenta metros cuadrados del madrileño barrio de Carabanchel. Todo, hasta su vestimenta, ha sido igual a lo largo del tiempo, no hubo lujos en su vida, no hubo cambios bruscos en su pensamiento, no hubo más que compromiso con la clase trabajadora, con el pueblo puro, coherencia y ética. Por ello, en su rostro se notaba la satisfacción de quien tiene la conciencia limpia y se ha entregado en cuerpo y alma a la más justa de todas las causas. Sin embargo, un deje de tristeza se atisbaba en su mirada, una tristeza que quizá proviniese de comprobar cómo ha cambiado la sociedad de la mano de personajes como José María Fidalgo, de observar desde la atalaya de una vida larga llena de luchas magníficas cómo la izquierda se adomerce en toda Europa mientras avanza el individualismo, la insolidaridad y la reacción, de comprobar cómo tanto esfuerzo, tanto sacrificio, tanta generosidad, puedan no haber servido de mucho para las nuevas generaciones, las encargadas ya de hacer el mundo más habitable para todos. Empero, Marcelino Camacho es un ejemplo de ética, de lealtad a las ideas de progreso, justicia y libertad, Marcelino Camacho es un referente, uno de los pocos grandes referentes que le quedan actualmente a la izquierda europea. Con él no pudo la dictadura, ni sus cárceles ni sus policías ni sus torturadores; tampoco los honores ni los almuerzos de trabajo, ni las reuniones con la “gente bien”. Salió del sindicato tal como entró y hasta los noventa y dos años en que le visitó la Parca, continuó siendo aquel hombre sencillo, duro, abnegado y honrado que siempre fue.
Por el contrario, José María Fidalgo es un hombre grande, un hombre alto y corpulento, moderno, de su tiempo, pero nada más que eso, solamente eso. Delante de mí tengo una fotografía en la que aparecen juntos Camacho y Fidalgo. No hay que fijarse mucho, un vistazo basta para saber quién es el hombre grande de los dos, el ser humano en todo su esplendor. Fidalgo casi le dobla la estatura, pero a mí me parece un personaje menguado al lado de Marcelino, un equidistante que ha hecho de la incoherencia todo un programa vital. No niego a nadie el derecho a cambiar una institución, un partido o un sindicato para adaptarlo, según su propio criterio y el de quienes le apoyen, a los nuevos tiempos: El inmovilismo no es una cualidad envidiable. Lo que si niego rotundamente es el derecho de nadie a jugar con las ideas, a confundir al pueblo, a deteriorar de forma irreparable los medios que los trabajadores tienen para defender sus intereses ante un capitalismo cada vez más agresivo y avasallador.
El viejo republicanismo hizo del imperativo categórico kantiano una máxima que pasaba de generación en generación: “Obra de tal manera que tu conducta pueda servir de ejemplo a los demás”. Sacrificar la vida personal por los intereses generales se daba mucho entre quienes desde la izquierda se entregaban a la cosa pública y muchas brillantes carreras de médicos, fisiólogos, escritores, periodistas, arquitectos, juristas, se vieron truncadas por ese sentimiento ético de la vida. Durante los primeros años de la “transacción”, algo quedaba de aquel espíritu en los abogados laboralistas que defendían causas perdidas, en los obreros que salían a pecho descubierto a enfrentarse contra los grises, en muchos estudiantes y algunos intelectuales, pero ese espíritu se fue diluyendo en las aguas del pragmatismo más indecente y hemos podido contemplar sin demasiada sorpresa como el ex- Secretario General del mayor sindicato de clase del país, fuese contratado por el Instituto de Empresas, organización elitista dedicada a asesorar y formar cuadros directivos para las grandes corporaciones, y por el diario ABC, desde su fundación el periódico preferido por las clases más retardatarias y montaraces del país.
Fidalgo es un hombre grande que ha demostrado su pequeñez. Se pueden nombrar muchos casos parecidos a lo largo de nuestra historia. No merece la pena, son tantos que necesitaríamos varios periódicos para dejar constancia de los más significados. Pero dentro de nuestro pasado más inmediato, lo que hizo José María Fidalgo pasará a la historia como un ejemplo de deslealtad, de incoherencia y de carencia de los principios éticos más elementales. No sé el daño que tal actitud pudo causar en quienes hoy sienten el deseo de rebelarse contra un sistema injusto y caduco, pero barrunto que es mucho. Dejémoslo en la trastienda, dónde se guardan los objetos inservibles, y fijémonos en la figura indómita y admirable de Marcelino Camacho, quien nunca vendió su alma ni a dios ni al diablo. Todo un ejemplo a seguir. Fidalgo siempre creyó que Camacho era sólo un jugador de fútbol.
Yo creo que a estas alturas los españoles se habrán dado cuenta del doble discurso de Mariano Rajoy, se puede hablar también de su doble moral.
No hace falta ser muy inteligente para darse cuenta de que Rajoy, tiene un discurso para los trabajadores y otro para los empresarios, cuando en esto de las relaciones laborales nunca se puede hablar de blanco y negro si no de cuestiones, planteamientos y acuerdos concretos y muy bien definidos para evitar que sucedan cosas que al final ni benefician a los empresarios ni a los trabajadores.
No se puede ir, como va Rajoy, hablando ante los empresarios de una reforma laboral de modo que sea un regalo para los oídos de estos, para, por otro lado, pedir mejoras para la clase trabajadora, exigiendo, porque la derecha nunca propone, siempre exige, una reforma laboral para que al fin y a la postre sea mal aceptada por los empleadores y criticada por el Partido Popular tachándola de mala e insuficiente y que por tanto perjudica a la clase trabajadora. Reforma Laboral en la cual los únicos que salen perdiendo son los trabajadores por cuenta ajena.
Dentro de la “buena disposición” de Rajoy para con los empresarios puedo citar que en la reunión que mantuvo con estos, el pasado día 26, en Santander con motivo del XIII Congreso de la Empresa Familiar. Allí también les regaló los oídos a los asistentes diciendo lo siguiente: “No podemos permitir que la madeja administrativa de tres administraciones ahogue la energía de nuestra sociedad civil. No puede haber tres ventanillas para trámites similares porque aumenta la inseguridad jurídica y, además, es antieconómico”. Esto coincide con aquella intención de Rajoy manifestando que había que hacer una “poda” en la Administración y a la que ya me referí en uno de mis anteriores escritos. Claro, esto último, más lo dicho en el citado Congreso nos da la medida de quien es Rajoy, un personaje que dice que hay que regular y agilizar la administración pública y los trámites administrativos olvidándose de que él fue ministro de Administraciones Públicas y tuvo ocasión de hacer las correspondientes reformas y no las hizo. Como bien dijo Rubalcaba el pasado día 27 en el Congreso de los Diputados con motivo de la sesión de control al Gobierno, el PP solo hace cosas cuando no puede porque está en la oposición, luego, cuando Gobierna, se olvida de todo. De ahí su doble discurso y su doble moral.
Si hubiera sido en tiempos de bonanza económica, de trabajo y de progreso para todos, es muy posible que lo del sueldo de la número dos del PP, María Dolores de Cospedal, hubiera pasado un tanto desapercibido, hubiera dado la sensación de exagerado pero no de escándaloso como así ha sido y más en los malos tiempos actuales.
Para justificar los 241.840 euros que Cospedal percibe anualmente en su calidad de cargo orgánico del PP y público, es senadora, con “ese”, solamente ha dicho que su declaración de bienes “es la más transparente de toda la política española” y que “declara a Hacienda hasta lo que no hay que declarar”. Al parecer Cospedal tiene conocimiento de que el resto de los políticos no han sido todo loa diligentes que habría que ser a la hora de declarar sus emolumentos y patrimonio, vamos, que sus colegas hacen trampa ocultando la realidad de su situación económica, si ella tiene conocimiento de ello lo que debe hacer es denunciarlo dando nombres y apellidos. En cuanto a que ha “declarado a Hacienda hasta lo que no hay que declarar” he de confesar que esta confesión me deja bastante confuso porque ¿qué será lo que declara a Hacienda que no hay que declarar? ¿Los hobbies? ¿Qué come habitualmente? ¿Si es hincha del Madrid o del Barça? ¿Cuál es su color preferido? En fin, ella sabrá.
Como antes he dicho la noticia ha adquirido mucha notoriedad porque no todo el mundo gana en un año 40 millones de las antiguas pesetas por actuar media hora diaria en una rueda de prensa con la ventaja de que no tiene que calentarse mucho la cabeza ya que todos los días dice lo mismo. Me ha llamado la atención el hecho de que haya declarado que en cuentas bancarias tiene un saldo medio a fecha 29 de junio de 2010 de 508.000 euros pero que no son producto del ahorro ya que esa cantidad se debe principalmente a la venta de un piso. Entiendo que ganando lo que gana no pueda ahorrar. Está todo muy caro.
Del total los 241.000 euros, 167.864 euros se los paga su partido por su cargo de secretaria general. No habría nada que objetar porque su partido es muy libre de darle el sueldo que crea más conveniente, pero si tenemos en cuenta que el PP, como el resto de partidos, recibe subvenciones del Estado, es decir dinero de todos los españoles, prueba de ello es que Cristóbal Montoro, uno de los voceros del PP, ha propuesto que con el fin de recortar gastos se rebajen de los PGE 15 millones de euros de los destinados a esas subvenciones, ya podemos hacernos una idea de que el montante total de estas es importante, sí es criticable que en los tiempos en que estamos haya quien cobre mucho dinero a costa del sacrificio, pago de impuestos, de los demás, incluso de los que están cobrando el subsidio de desempleo y pensiones que no dan lo suficiente para vivir decentemente. Esto si me subleva.
Al parecer la remodelación del Gobierno de Zapatero ha sembrado el terror entre los gerifaltes del Partido Popular, que de inmediato se han puesto a vaticinar todo tipo de males y de desastres y a afirmar que esto es una vuelta al pasado, pero no, no se alarme usted también, no se trata del regreso del franquismo, que ya les gustaría a los del PP, ellos se refieren a los tiempos de Felipe González, lo cual a mi me llena de tranquilidad y de esperanza en el futuro. Aquellos fueron buenos tiempos para todos los españoles, los gobiernos de Felipe González, dieron un gran impulso a la creación del estado del Bienestar que por cierto sufrió una enorme regresión durante los ocho años de gobierno de Aznar y que sigue padeciéndola en aquellas comunidades donde gobierna la derecha; tampoco hay que olvidar la universalización de la asistencia sanitaria; la gratuidad de la enseñanza obligatoria en todos sus niveles lo que propició el concierto con los colegios privados para que sus alumnos disfrutaran de esa ventaja. No hay que echar en el olvido que aquellos tiempos trajeron el derecho de todos a disfrutar de una pensión, recordemos las pensiones no contributivas, que venía a reparar la injusticia de que personas que habían estado trabajando durante toda su vida no habían tenido ocasión, por diversos motivos, de cotizar a la Seguridad Social y por tanto no tenían derecho a percibir una pensión. Se potenció y modernizó la red viaria para que el país se pudiera desarrollar, autovías, autopistas; asimismo se potenciaron los transportes públicos, principalmente el ferrocarril que ha venido a desembocar en la Alta Velocidad Española, el AVE, que viene también a darle un enorme empuje al progreso de España y por tanto de los españoles. Se incrementó en grado superlativo la construcción de universidades y hospitales y se crearon los centros de salud lo cual supuso un gran avance asistencial; se construyeron residencias para las personas mayores, que por cierto sufrieron un enorme parón durante los años en que Aznar gobernó; también hay que hacer especial mención de la implantación de los Servicios Sociales a través de los cuales se hicieron más cortas la diferencias entre las personas atendiendo a los más desfavorecidos y así una larga lista de construcción e implantación de infraestructuras y servicios para uso y disfrute de todos los ciudadanos. En definitiva, el país se modernizó de tal modo que todos quedamos sorprendidos ya que pocos años antes de entrar Felipe González, los socialistas, en el Gobierno de España ni siquiera se nos había pasado por la imaginación el más que notable crecimiento y progreso conseguido por esos que tan brillantemente protagonizaron ese pasado que tanto temen Rajoy y los suyos. Y no quiero dejar de señalar la entrada en España en la Unión Europea, que hizo que nuestro país fuera tenido en cuenta en el concierto europeo y por tanto mundial.
Estos son los tiempos que atemorizan al PP, pero no a los españoles que tangan dos dedos de frente. Aquí, con el nuevo Gobierno, no vuelve lo negativo, al contrario, hay esperanza de que vuelva lo positivo. Lo negativo es que Rajoy esté partiéndose el pecho para que Álvarez Cascos, el del “Prestige”, vuelva a la escena política, a eso sí hay que tenerle miedo. Pero yo me formulo una pregunta: ¿Quién o quienes nos quieren llevar al estado del Bienestar? ¿Rajoy? ¿Montoro? ¿Cospedal? ¿Sáenz de Santamaría? ¿Pío Escudero? ¿González Pons? ¿Esos? ¡Por favor! Díganme que se trata de una broma de mal gusto. Con estos no llegamos ni a la puerta de la calle.
Creo que esta “vuelta al pasado” que denuncia el PP debemos celebrarla todos.
La crisis económica ha dejado el asunto Garzón en segundo plano. Aquella oleada de indignación que recorrió España hasta mayo de este mismo año, se diluyó cuando Rodríguez Zapatero decidió aplicar las recetas económicas a que obliga la dictadura del mercado so riesgo de ser arrojados al lugar oscuro y harapiento dónde cumplen castigo los desobedientes y los niños malos. Aquel día de mediados de mayo -el mes de las flores, del toro-toro y de Cova de Iría-, los habitantes de este país recibimos un jarro de agua fría que nos puso de cara ante el espejo solitario de la cruda realidad: No éramos tan ricos ni tan listos como creíamos, simplemente habíamos estado narcotizados por la más dañina de las drogas: La codicia concupiscente. El esplendor sobre la hierba no fue más que un espejismo urdido en la cocina de José María Aznar y Rodrigo Rato, dos políticos mediocres, incapaces e irresponsables –no pueden ser otra cosa quienes no han asumido responsabilidad alguna respecto a la disparatada y destructiva política económica que ellos mismos pusieron en marcha- que hicieron creer a muchos ciudadanos ciegos que los duros se podían comprar a peseta y venderlos a euro, que se podía vivir sin trabajar, y no sólo vivir, sino enriquecerse como si cada cual tuviese su particular lámpara de Aladino. No, salvo la minoría que siempre ha vivido en el piso de arriba, no habíamos descubierto la piedra filosofal. La siesta se acabó y a día de hoy, aún dura la resaca y el bofetón en los morros de aquel triste día en que vimos temblar el suelo bajo nuestros pies. La economía, como bien decía Karl Marx, es el principal determinante de nuestras vidas y desde entonces nadie ha dejado de hablar de ella, de hacer cábalas -¡si hubiese vendido un año antes!-, de suspirar, de sumar y restar, de llorar. La alegría bullanguera se convirtió en tristeza, dejó de manar oro de los ladrillos y los niños comenzaron a comerse el pan que traían debajo del brazo. Difícil encontrar a alguien optimista, difícil entrar en una tertulia dónde no se hable de lo mismo, difícil escapar al derrotismo y a esa sensación de tierra quemada que ha quedado después de la batalla especulativa.
Y no es para tanto, vamos, si lo es, pero España ha salido de situaciones mucho peores que ésta, infinitamente más desesperadas. Todavía está en la mente de muchos –aunque no se enseñe en las escuelas de este país católico y de orden- el recuerdo de la durísima posguerra, del hambre, de la represión, del terror; todavía muchos recuerdan cuando su padre, su hermano, su vecino o su amigo tuvieron que hacer la maleta y partir para Alemania con una mano delante y otra atrás; todavía, muchos de nosotros recordamos cuando éramos pobres y no teníamos nada que perder. Y si salimos de aquellos infiernos, nadie dude que también saldremos de este, que es menor, si nos lo proponemos, dejamos de mortificarnos y de emitir cantos de sirena: Nunca en su historia, los españoles, pese a los envites de la crisis provocada, en su sesgo castizo, por la estulticia de Aznar y Rato, vivieron como en los últimos veinticinco años, nunca gozaron de la protección social de que hoy gozan y nunca tuvieron la posibilidad de reinventarse de que hoy disponen. La crisis actual, como otras anteriores, pasará si somos capaces de identificar justamente al enemigo y combatirlo como se merece sin perder fuerzas en debatir sobre cuestiones peregrinas: El casticismo retrógrado, la dictadura de eso que llaman “mercados” y los mandarines que los manejan. El ser humano no es compatible con ellos.
Saldremos de la crisis, estoy seguro de ello, pero no podemos salir peor que entramos, sino mejores. Y no podemos ser mejores si olvidamos aquellas cosas que nos distinguen, que hacen que el mundo progrese y que el hombre lo sea más. Hace unos días, el Secretario General de Naciones Unidas, Ban-Ki-Moon, acusó a los europeos de renunciar a la parte más valiosa de su idiosincrasia, esa que hizo identificar al Viejo Continente con la defensa de los derechos del hombre, la democracia, la justicia, la igualdad y la libertad. Y no andaba descaminado el político coreano, Europa se acerca peligrosamente hacia lugares que su experiencia histórica declaró baldíos, hacia el racismo, la xenofobia y el clasismo, olvidando que en su seno nacieron las ideas y los proyectos más generosos de la Humanidad, que esas ideas y esos proyectos –muchos de ellos todavía por realizar- son lo esencial de su convivencia y de su progreso.
España llegó tarde a ese tren. La dictadura fascista y la guerra fría impidieron que estuviésemos en el lugar que nos correspondía. Después hemos avanzado mucho gracias al esfuerzo de casi todos, aunque dejando en el camino miles de cristales rotos. Nuestra derecha, heredera del franquismo, no ha dejado de trabajar ni un momento para que estemos en primera línea de esa Europa vieja y reaccionaria que se vislumbra, segura como está de que en ese apartado puede dar lecciones a los más aventajados. La crisis está de su lado pues como dice la máxima ignaciana en tiempos de tribulación es menester no hacer mudanza, al menos hacia delante: ¡Virgencita que me quede como estoy! Y ante eso hay que rebelarse con todos los instrumentos a nuestro alcance: La crisis no puede ser escusa para abolir la discusión y la crítica. No podemos consentir en modo alguno que la gravedad del momento paralice las naturales ansias de justicia y de progreso social de los pueblos. En ese sentido, ahora más que nunca, es necesario alzar la voz para denunciar el linchamiento a que está sometido el juez Baltasar Garzón por tres causas absurdas en una democracia que se precie: Querer juzgar el genocidio franquista, investigar la trama Gürtel, la mayor trama de corrupción de la democracia y haber dado unos cursos en el extranjero mientras estaba en excedencia.
Baltasar Garzón es Doctor Honoris Causa por más de veinte Universidades de todo el mundo, es quizá el español más reconocido internacionalmente, seguramente más que Casillas, ese portero del Real Madrid que ahora se dedica a promocionar el diario ultraderechista La Gaceta. Su prestigio mundial no se debe a su bella cara sino a la lucha valiente que ha llevado durante muchos años en defensa de los Derechos Humanos. Sin embargo, Garzón se olvidó de una cosa: del país en el que vive. No quiso saber que el franquismo sigue apoltronado en el núcleo duro del poder, especialmente en la Judicatura y en el principal partido de la oposición. Durante muchos años pudo encausar a etarras, policías torturadores, narcotraficantes y dictadores no españoles, pero todo se vino abajo cuando decidió que de una vez por todas había que juzgar a la tiranía fascista española. Ahí comenzó el calvario. Un señor llamado Adolfo Prego, miembro de la (Santa) Hermandad del Valle de los Caídos, de la Fundación para la Defensa de la Nación Española, firmante del Manifiesto por la verdad histórica junto a los patriotas Jiménez Losantos, César Vidal y Pío Moa, y miembro del Tribunal Supremo, se encargó de exponer la ponencia para que una querella de Falange y Manos Limpias –dos organizaciones de extrema derecha a las que se debería haber aplicado esa ley de partidos que sólo sirve para Batasuna- en la que se acusaba a Garzón de prevaricación por instruir la causa contra el franquismo fuese admitida. Adolfo Prego, días antes había firmado el manifiesto antes citado, un manifiesto en el que se decía que la Ley de la Memoria Histórica serviría para ensalzar a muchos de los mayores criminales de nuestra historia, hecho que tendría que haber servido para apartarle del caso, cosa que desestimaron sus compañeros de trabajo.
Baltasar Garzón quiso ponernos en paz con nuestro pasado de una vez por todas, pero nadie hasta entonces había osado juzgar al franquismo y los franquistas vivían y viven como si aquí no hubiera pasado nada. No se trataba de castigar a nadie a estas alturas, pero sí de saber la verdad y hacer Justicia con mayúsculas. Se inventaron lo de la prevaricación, y con la ayuda de Varela los acusadores pudieron redactar una querella absurda. Insólito. Juez y parte: Porque si Garzón prevaricó al apreciar que era competente para juzgar al franquismo, ¿por qué no se ha procesado a los cientos de jueces competentes que han prevaricado al no emprender esa acción de justicia? ¿Cuestión de apreciaciones? Pues por una cuestión de apreciación se va a juzgar al juez más prestigioso de esta democracia, al más reconocido internacionalmente. Claro, Franco sigue siendo intocable y sus hijos también. Uruguay, Chile y Argentina, gracias entre otros a Garzón, pueden juzgar a sus genocidas: España, no, España tiene que cargar con el ignominioso record de ser el país que más desaparecidos tiene debajo de su suelo después de la Camboya de Pol Pot, también con la corrupción y las prácticas delictivas consustanciales a aquel régimen: Caso Gurtel.
La frase pronunciada por el alcalde de Valladolid, el popular Javier León de la Riva, refiriéndose a Leire Pajín, manifestando que “cada vez que le veo la cara y esos morritos pienso lo mismo, pero no lo voy a decir aquí” me lleva a pensar que hay gente en el PP que por lo visto almacena en su mente tal cantidad de pensamientos relacionados con el sexo que hay momentos en que el subconsciente les traiciona y se les escapan estas palabras tan groseras como de mal gusto.
Esto del alcalde vallisoletano me ha hecho recordar aquella frase del ex presidente popular de Cantabria, Juan Hormaechea, que refiriéndose a la ex ministra de Medio Ambiente del Gobierno de Aznar, Isabel Tocino, dijo lo siguiente: “Isabel Tocino es una monja alférez que no me sirve ni para una paja”. También me ha traído a la memoria el caso de Nevenka Fernández, ex concejal de Hacienda del ayuntamiento de Ponferrada que sufrió acoso sexual por parte del ex alcalde, el también popular Ismael Álvarez, que intentó alcanzar los “favores” de la concejal en la habitación de un hotel y que al no poder conseguirlo el ex alcalde se masturbó en presencia de la edil por él deseada, según contó en su día la propia Nevenka. El alcalde fue condenado por acoso sexual.
A lo dicho anteriormente se puede añadir el caso del ex presidente del Gobierno de España, José María Aznar, el cual cuando devolvió el bolígrafo a una periodista no lo hizo de mano a mano sino que se lo introdujo a esta entre sus senos. ¿En qué estaría pensando o fijándose Aznar, cuando realizó tal acto?
Uno se pone a pensar y no sabe si es que este tipo de actuaciones son debidas a que puedan estar un tanto salidos o que se trata de individuos muy “machotes” que aprovechan cualquier ocasión para demostrarlo.
Ayer publiqué un pequeño escrito en el que consideraba lamentable que el PCE no hubiese salido en defensa de nuestro Partido y de los militantes ante la cafrada del portavoz del PP en el Ayuntamiento de Leganés.
Algunos camaradas han contestado a mi escrito asegurándome que estaba mal informado, pues el Partido si había adoptado una postura muy enérgica contra esas infamantes y desvergonzadas afirmaciones de Jesús Gómez Ruiz dirigente del PP. Igualmente, la dirección de nuestro Partido me demuestra mi error indicándome cómo en la pagina www.pce.es del Partido se hizo un comunicado el 9 de octubre de la misma manera que adoptó la misma postura nuestro Partido de Leganés.
Mis 84 años, mi mucho trabajo y mi indignación, no justifican, en absoluto, mi ligereza imputando negligencia y silencio a nuestra dirección. Esa indignación personal, no solo por las vejatorias ofensas de ese energúmeno, sino por todo lo que veo que está pasando en España:
-La actitud neoliberal y contraria y los intereses del pueblo y además no disminuirán la tragedia del paro del gobierno socialista;
-El ninguneo constante de todos los medios de información sobre IU y el PCE que, si es explicable -no justificable- en los medios privados pues son consecuencia de que esos medios pertenecen a empresas de las que son titulares fondos y capital principalmente norteamericano o personajes españoles de la extrema derecha, no lo es en los medios públicos que pagamos todos los españoles con nuestros impuestos y a los que la Constitución ordena atender los intereses políticos con criterios de igualdad, lo que evidentemente no lo hacen;
-O mi indignación por el sistema electoral antidemocrático, injusto e ilegal por anticonstitucional que tanto daño nos lleva haciendo al Partido Comunista y a Izquierda Unida durante los 33 años de esta democracia no completamente plena, provocando que elección tras elección disminuyan nuestros votos -que es lo que pretendían y consiguieron los que impusieron ese sistema electoral- como consecuencia del “voto útil” por el que miles o millones de ciudadanos o no nos votaban por considerar nuestro voto inútil, o dejaban de votar, que es lo mismo que votar a la derecha;
-Mi indignación cuando leo que Benegas, o bien se burla irrespetuoso de nosotros, o nos echa en cara que hemos perdido el 20% de votos, lo que supuso la injusticia que le replicó nuestro representante en el Parlamento de que, sin embargo, habíamos perdido el 70% de Diputados;
-Sí, mi indignación es que cuando ya veo mi dolorida y enferma espalda, respaldada en el invierno de mi vida, no veo que se acerca el triunfo de los ideales por los que luché, pues todo lo que pasa en el mundo es cada día peor, no solo en Europa donde triunfan ufanos y desvergonzados Bancos y banqueros, que después de ser salvados del desastre provocado por su avaricia, se erigen en verdaderos dictadores de los gobiernos, ponen en peligro la democracia -y lo que es peor, la paz, pues la guerra es siempre la salida de las crisis-, desmantelan una a una todas las conquistas del Estado de Bienestar y en el colmo del cinismo afirman que lo que hace falta es “más horas de trabajo, y menos salarios”, no solo en Europa, digo, sino en todo el mundo donde cada vez se mueren más niños de hambre, mueren más seres humanos faltos de las más elementales atenciones médicas y medicinas;
-O nos vamos enterando de nuevos genocidios americanos –y eran muchos los que conocíamos- tales como inocular sífilis y blenorragia a guatemaltecos para experimentar medicinas que aplicar a los súbditos del Imperio americano,
-O las barbaridades que van saliendo a la luz cometidas en Irak, Afganistán o Gaza.
Sí, todo eso me indigna, me quita el sueño porque, repito, veo que se acerca mi final y no voy a ver nada de la luz, la justicia, la igualdad, la paz en el mundo, por el que, como otros, luché toda mi vida y tantos y tantos dieron su vida, muchos de los cuales como decía ayer, aún están enterrados en las cunetas, para que ahora caiga sobre ellos esa infamia de que no eran ni merecedores de tener la tutela de sus hijos.
Perdonad que escriba emocionado, porque siempre hablo quizá más con el corazón que con la razón, y eso me lleva a veces a cometer ligerezas como lo escrito ayer en La República.es de la actitud de nuestro Partido. Rectifico. Lo hago sin falsa modestia. Simplemente porque creo que debo hacerlo, lo que no impedirá nunca que, cuando crea que deba ser crítico lo sea, pero procuraré que lo haga siempre teniendo razón, no como en este caso que no la tenía.
Lo que sí puedo asegurar es que ni esta vez, ni ninguna, me ha movido la intención de perjudicar a nuestro Partido, fomentando cualquier tipo de desunión. Desde que tengo uso de razón he sostenido que la unidad es absolutamente fundamental en nuestra lucha. Esa unidad implica estar como una piña junto a la dirección de nuestro Partido, dirección que ha sido elegida democráticamente en un Congreso. También desde que tengo uso de razón, -para ser sincero, no siempre, pues yo también fui stalinista- considero que una cosa es la unidad junto a nuestros dirigentes y otra el culto a la personalidad o la falta de libertad para que cada uno opine como crea en conciencia. Repito, éste no es el caso.
Estoy seguro que el Partido se solidariza con nuestro director Javier Parra y con los otros periodistas querellados por ese cínico Jesús Gómez. Por mi parte, ya le he ofrecido actuar como abogado en su justa defensa.
Unidad, salud y República.
Han pasado ya demasiados días desde que el energúmeno Jesús Gómez Ruiz, concejal y portavoz del PP en el Ayuntamiento de Leganés, ha realizado o escrito, unas gravísimas e injuriosas manifestaciones en las que, no solo nos insulta a todos los comunistas, sino lo que, es peor, insulta a nuestros padres, cuando éstos también fueron comunistas. Esto es, insulta también a miles y miles de comunistas que fueron asesinados por fascistas que pensaban como piensa él y muchos de sus correligionarios políticos cuando aún muchos de esos comunistas aún están en fosas comunes al borde las carreteras españolas.
La noticia e incluso un vídeo donde semejante fascista repite sus injurias se reproducen y comentan en uno y otro medio de información con docenas de comentarios de comunistas –incluso de no comunistas- que se sienten indignados y ofendidos por tan injuriosas manifestaciones públicas del portavoz del PP en el Ayuntamiento de Leganés. ¿Qué ha hecho nuestro partido defendiéndonos a los comunistas, defendiendo a nuestros padres comunistas, y defendiendo al propio PCE? Que yo sepa, absolutamente nada. Siento bochorno y desazón al escribir esto. Estoy seguro que cualquier otro partido español ante semejantes agravios e injurias hacia sus militantes y sus ideas, ya hubiese llevado a los Tribunales a ese cínico y desvergonzado personaje impresentable. ¿Qué se tiene que hacer o decir contra nuestro Partido y sus militantes para que éste emplee todas las armas dialécticas y jurídicas a su alcance para defenderse y defendernos a los militantes?
Me gustaría que el PCE diese una explicación pública de las razones que le llevan a su silencio e inacción.
Por mi parte, como comunista, hijo de comunista, hermano de comunista, sobrino de comunistas, padre y abuelo de comunistas, me siento injuriado en nuestras ideas. Todos nos sentimos orgullosos de la educación que nos dieron y que nosotros dimos a nuestros hijos, y éstos a los suyos.
¿Se puede sentir orgulloso ese desvergonzado militante del PP de la educación que le dieron sus padres, en base a la cual, no solo sigue defendiendo los atroces crímenes de los fascistas españoles? Sin lugar a duda, los antecedentes sociológicos que él defiende, como también los defiende el partido en que el milita, son esas ideas fascistas.
¿Qué hubiese hecho cualquier partido político español, y no digamos el PP, si un ciudadano español insulta tan gravemente a su partido o sus militantes? Que el PCE permanezca callado me parece sencillamente lamentable.


