Muchos son los casos de corrupción que se han cerrado en falso por los tribunales de justicia por “defectos de forma” en el procedimiento de investigación o de instrucción. Tanto es así que esto ha animado a algunos a pensar que “aquí meto la mano hasta el codo y no pasa nada”. Es un hecho comprobado que cuando no se da un escarmiento ante actitudes deshonestas y corruptas suelen proliferar los actos delictivos.
En el llamado macro juicio del caso Malaya, tiene la Administración de Justicia una gran ocasión para que los casos de corrupción política en nuestro país no nazcan, vivan y se desarrollen como setas en el bosque. Creo que la justicia debe aprovechar este caso para que los veredictos que de él se desprendan sean tan ejemplares, duros y lesivos para los que resulten condenados hasta el punto de que estos dictámenes sirvan de advertencia a todos aquellos que han visto en la política un modo de enriquecerse.
Tenemos pendiente, al estar en periodo de instrucción, los casos Gürtel y Brugal. El primero en las comunidades de Madrid y Valencia y en alguna más y el segundo en la provincia de Alicante, en los cuales han sido imputados empresarios y cargos públicos y orgánicos del Partido Popular, en el caso Gürtel hay tanta gente o más implicada que en el caso Malaya. Ambos casos son verdaderamente escandalosos. Si la resolución del juicio del caso Malaya queda en nada, como han quedado tantos otros, ya hay quien está pidiendo anulación de escuchas telefónicas, lo de siempre, porque sabe que esto puede anular todo el proceso en el caso de que estas escuchas hayan sido llevadas a cabo de forma ilegal, es decir sin el mandato de un juez, y que el acusado puede salir indemne del juicio y el delito se pierde en los archivos del juzgado.
De lo que se resuelva en el caso Malaya y si no hay una aplicación dura en lo que respecta en las condenas a aplicar no me cabe la menor duda de que la corrupción política en España crecerá al mismo nivel que lo está en otros países en los cuales sus políticos, que “han metido la mano hasta el codo” y no por una mala gestión, los han dejado en la pura miseria. Recordemos el caso de Argentina donde el dinero desapareció de la noche a la mañana, hasta el punto de limitar la libre disposición de fondos a sus propietarios, el célebre “Corralito”. El resultado condenatorio del caso Malaya debe servir de advertencia para cortar de raíz las tentaciones, malas tentaciones, de algunos.
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Ya ha pasado la huelga general. Como siempre hay quienes dicen que ha sido un éxito y quienes la valoran como un fracaso. No creemos que se pueda hablar en esos términos cuando lo que nos estamos jugando afecta al conjunto de los ciudadanos que vivimos en España y en Europa. El fracaso habría sido el de todos, incluidos los empresarios más recalcitrantes, el éxito el de casi todos. Europa, y España de momento pertenece a Europa, ha entrado en decadencia delante de nuestros ojos, de los ojos de los políticos que nos representan, de los sindicalistas, de los filósofos, de los economistas, de los toreros, banderilleros, futbolistas de élite, sastres valientes, ingenieros, poetas y damas de la adoración nocturna, sin que nadie se haya atrevido a dar una respuesta contundente, justa y racional, una respuesta que sirviese para colectivizar sentimientos, emociones y esperanzas ante un porvenir que no parece el más prometedor. Sólo los sindicatos, si los sindicatos domésticos que tenemos, han sido capaces, aún a riesgo de romperse la crisma en el muro de la inanidad ciudadana, la malquerencia y la estupidez reaccionaria, de levantar la voz y decir hasta aquí hemos llegado. De momento la respuesta ha sido tibia, es de esperar que vaya a más porque la extorsión de los poderes económicos va a seguir aumentando, pero en cualquier caso hemos de comprender que si fracasan los sindicatos habremos perdido por muchos tiempo una de las armas más eficaces de que han dispuesto quienes no tienen más mercancía que ofrecer que sus brazos y su mente.
Hace unas décadas se hablaba mucho del peligro amarillo con motivo del sorprendente desarrollo económico de Japón. Medio en broma medio en serio se aludía a la forma de hacer huelga de los trabajadores de aquel país, de su amor al trabajo, de los nichos dónde dormían para no perder tiempo en volver a casa, de su docilidad. Sabíamos poco de aquella cultura, sólo estereotipos, tópicos y que fabricaban radios y relojes. A principios de los ochenta, con Reagan en el poder, se produjo el gran salto, Japón, las empresas japonesas, compraron algunas de las corporaciones más emblemáticas de Estados Unidos instalándose en el corazón del imperio. Japón había perdido la guerra y no era una amenaza seria para quienes estaban a punto de regir los destinos del planeta. Empero, la experiencia japonesa sirvió a los plutócratas de todo el mundo para comprobar fehacientemente una ecuación muy sencilla, que las ganancias son mucho mayores allí donde los salarios son más bajos, allí donde no hay costes sociales ni ecológicos, allí donde la vida vale poco y existe una férrea disciplina social, bien por razones políticas, bien por razones culturales o por las dos causas a la vez. En el firmamento del capitalismo apareció por fin el escenario propicio para librarse de las imposiciones de los trabajadores occidentales, más de dos mil quinientos millones de personas dispuestas a trabajar jornadas interminables por un plato de arroz, sin sindicatos, sin seguridad social, sin límite de jornada laboral, sin festivos, sin vacaciones y, sobre todo, sin capacidad ni ánimo para expresar protestas continuadas. Los oligarcas lo vieron claro, ¿por qué voy yo a fabricar zapatos o tejidos en España si puedo hacerlo en Corea por la décima parte? De repente, como si el Arcángel San Gabriel se hubiese aparecido a los grandes emprendedores –es como ahora les llaman- para anunciarles la mejor de las nuevas, empresarios y financieros de todo el planeta decidieron que debían trasladar sus negocios hacia esos lugares en que todo estaba permitido, hacia los paraísos de la explotación del hombre por el hombre.
Apenas hubo entonces voces -estamos en los años ochenta del pasado siglo- que se alzaran para advertir de lo que indudablemente ocurriría en pocos años. De entre los políticos del Universo, sólo Jacques Delors habló de poner una tasa social a los productos orientales. No se trataba de impedir el desarrollo económico de nadie, se trataba de que ese crecimiento conllevase mejoras sociales y económicas para los trabajadores de los países emergentes, de ir extendiendo el modelo mejor y no el peor. Ningún producto que no fuese elaborado atendiendo a las mínimas normas de protección social, para lo que se crearía una especie de sello identificador, podría entrar en Europa. La idea de Delors, que estaba convencido de que Europa no jugaría un papel crucial en el mundo por venir si no superaba los localismos nacionalistas y se decidía a fortalecer sus instituciones comunes, fue rechazada precisamente por el egoísmo de los Estados europeos, abriendo el paso a la libre circulación de capitales, de mercancías, a la desregulación social y al mayor periodo de privatizaciones de servicios públicos esenciales de la historia.
Las cosas no han ido a mejor. Las predicciones del político francés se han cumplido y los Estados europeos siguen mirando al sol sin ser capaces de unificar posturas ante una coyuntura que hipoteca de forma grave su futuro. A la falta de líderes capaces de ver más allá de su sombra se suma la abulia de una ciudadanía que parece que nada se juega en esta crucial batalla. Pues bien, es menester hablar claro y comenzar a llamar a las cosas por su nombre. Estamos ante un cambio económico mundial de primera magnitud. Por primera vez desde el siglo XI Europa deja de ser la protagonista de la historia para ceder el relevo, sin conflicto alguno, a China y los países de su entorno. Ninguna reforma laboral, ningún abaratamiento de las condiciones de trabajo, del despido podrá ponernos en condiciones de competir con un ejército de trabajadores cuya media salarial, en el mejor de los casos, no supera los doscientos euros al mes. Europa, dirigida por funcionarios vacuos y cínicos, por empresarios codiciosos y desaprensivos, ha puesto el Estado del bienestar en almoneda, iniciando de manera casi inexorable el descenso hacia un lugar que abandonó hace décadas. Pero nadie se engañe, el desmantelamiento del Estado del bienestar no nos hará más competitivos, nos hará más pobres, más pobres desde luego conforme estemos más en la periferia de la Unión, pero más pobres todos al fin y al cabo, más precarios, más sumisos, más catetos, más egoístas y más xenófobos, olvidando que estas “cualidades” fueron las causantes de dos guerras mundiales en el siglo pasado.
Los ciudadanos de Europa, pese a su individualismo suicida, tienen derecho a saber que es posible que se salga momentáneamente de esta crisis, pero también que esta crisis nada tiene que ver con las demás, que hemos dejado de fabricar, que hemos dejado de cultivar nuestras tierras, que estamos volando el Estado democrático para que los ricos lo sean cada vez más, que la revolución tecnológica –la mayor conocida por el hombre- permite que lo que antes hacían veinte personas lo haga solamente una, que la robótica y las nuevas tecnologías suprimen cada día miles de puestos de trabajo en gasolineras, supermercados, fábricas, periódicos y oficinas, que hasta ahora todos los avances tecnológicos han servido para disminuir la jornada laboral, que esta batalla es la penúltima de la guerra y hay que ganarla porque en otro caso estamos abocados a vivir tal como lo hacían nuestros antepasados de hace 150 años o los desgraciados que trabajan 14 horas al día todos los días del año por cuatro perras gordas en el otro lado del mundo. No, los trabajadores de Europa no pueden consentir bajo ningún pretexto que se aniquilen las leyes y los derechos sociales, que se imponga el modo de producción esclavista procedente de Oriente Lejano, modelo que sólo podemos comprender si tenemos en cuenta las enormes cantidades de dinero invertidas allí por financieros e industriales de Europa y Estados Unidos. Todo lo contrario, es necesario imponer y mejorar los modelos europeos que más bienestar económico, político y cultural han deparado. No sirve decir que hay un doble mercado laboral: La precariedad en el empleo no se arregla precarizando todo el trabajo, sino eliminándola; la competitividad no se alcanza desregulándolo todo, sino regulando las relaciones laborales, los intercambios y la circulación de capitales. El otro modelo no tiene el menor futuro salvo para los que viajan en primera y con guardias de seguridad para protegerse del número creciente de excluidos. Así lo refrenda el Fondo Monetario Internacional, máximo órgano mundial de los mercaderes sin escrúpulos: Puede ser que por primera vez las economías vuelvan a crecer sin crear empleo alguno.
La Confederación Empresarial de la Provincia de Alicante (COEPA) y la Asociación Valenciana de Empresarios (AVE) han coincidido en que “la dinámica salarial de los últimos años nos ha hecho –a los empresarios- perder competitividad”. Para reactivar sus empresas y recuperar el mercado han coincidido ambas en lo siguiente: COEPA propone la reducción de los salarios y por su parte AVE propone la generalización del copago en Educación y en Sanidad. Está claro que se refieren cuando proponen la “generalización” del copago en Sanidad a los jubilados ¡qué manía tienen los empresarios con los que les ayudaron a hacerse ricos! ni después de haber muerto laboralmente los dejan en paz. Los jodieron durante su vida laboral y los quieren seguir jodiendo. ¡Claro, como cobran esas pensiones tan “suculentas”! En cuanto al copago en Educación que propone AVE, esto, añadido a la rebaja de los salarios no creo que las familias lo puedan asumir. Algunos de sus hijos se lo agradecerán, porque la verdad es que eso de ir al “cole” es para muchos un tormento. Lo que pasa es que los abuelos los van a tener todo el día a su cargo. Lástima me dan y me doy.
Dicho lo anterior, he de decir que yo comparto lo que plantean los empresarios y debo reconocer que lo hacen por nuestro bien. El disponer de mucho dinero, y ahora a la clase trabajadora el dinero le sale hasta por la nariz, solo trae vicios. Los hombres se lo gastan en juergas y en el fútbol, y las mujeres en perifollos. Ya es hora de que alguien nos haga ver que derrochar el dinero no es bueno y los trabajadores lo están tirando a espuertas, sobre todo los que ganan menos de mil euros al mes, que son muchos, estos ya se pasan gastando a troche y moche.
Yo agradezco el consejo de los empresarios y con la misma licencia que se han tomado ellos les voy a aconsejar sobre lo que deben hacer para la “reactivación” y “competitividad” de sus empresas. Eso se consigue modernizándolas, existe una fórmula para ello, primero fue el I+D (Investigación más Desarrollo) y ahora se ha ampliado la fórmula y es I+D+I (Investigación más Desarrollo más Innovación). Tienen que invertir en sus empresas, destinando parte de los beneficios para ir modernizando los sistemas de producción y ofrecer calidad en los productos que generan en sus industrias, eso es, entre otros factores, lo que hace que las empresas sean competitivas.
También han planteado, COEPA y AVE, el que se “rebajen las cotizaciones que pagan los empresarios a la Seguridad Social”. La verdad es que es decepcionante el nivel de nuestros empresarios. Si él “éxito” de un negocio o la obtención del beneficio empresarial, se fundamentan en rebajar los salarios, ya de por si insuficientes para la inmensa mayoría de los trabajadores que se las ven y se las desean para llegar a fin de mes, y en la rebaja de impuestos, es que a nuestros empresarios les falta imaginación por no hablar de escases de inteligencia y capacidad para gestionar un negocio.
De todos modos es de agradecer el que se “preocupen” tanto por sus trabajadores y por las familias de estos. Una vez más me pregunto: ¿Porqué odian a sus trabajadores? A lo mejor es que consideran que son unos desagradecidos a los que les dan trabajo y encima quieren cobrar.
Para empezar quiero recordar que ya en una ocasión dije en uno de mis escritos que los “fenómenos sociales” tienen fecha de caducidad. Como ejemplo de ello quiero rememorar el caso de Ilona Staller, cuya nombre es posible que no diga nada a nadie pero si les digo que se trata de la italiana Cicciolina, una actriz del cine erótico que fue muy famosa en la década de los 80 y que en Italia se destapó, nunca mejor dicho lo de “destapó”, como un “fenómeno social”. Hasta tal punto fue así que se presentó a las elecciones al Parlamento italiano en 1979, 1985 y 1987 siendo elegida en esta última presentación. Tuvo unos años, no muchos, de “gloria” y después desapareció de la escena política, social y mediática.
Yo creo que en España nos estamos “italianizando”. No hace mucho decía yo en uno de mis comentarios que esto de que vayan en las listas individuos imputados y que están siendo investigados se parecía mucho a lo de Italia donde gente como Berlusconi ha conseguido llegar a la presidencia del Gobierno italiano. Pero a esto hemos de añadirle que también estamos copiando el “modelo” italiano y como en el caso del “fenómeno social” llevado a la política como fue lo de la Cicciolina, en este país nos encontramos con casos como el de “Chiquilicuatre” y el de Karmele Marchante que tuvieron sus días de “gloria”, el primero como representante de España en Eurovisión, creo que aún no acaba él mismo de creérselo, y la segunda fue la más votada para participar en este festival musical representando a España con su canción “Soy un Tsunami”, pero todo quedó en aquello de “lo que pudo haber sido y no fue” según nos decía Antonio Machín en aquel bolero cantado por él. Como es sabido ninguno de los dos fue propuesto por nadie ni promocionado para entrar en política dada su condición de “fenómeno social” admirado por las masas. Sin embargo sí tenemos el caso de Belén Estaban, a la que han dado en llamar “La princesa del Pueblo”. A este “fenómeno social” sí la están apoyando, postulando y promocionando para que se meta en política. Al menos así lo veo yo y creo que la mayoría de los españoles. El reciente documental, “La princesa del Pueblo” que nos ofreció Tele 5 así lo pone de manifiesto. Por cierto, todo hay que decirlo, me armé de valor e intenté ver ese documental, pero fue tanta la vergüenza ajena y la sensación de estar haciendo el ridículo ajeno que experimenté que apagué el televisor y me fui a la cama. ¿Cómo es posible que se pueda promocionar a una persona para que entre en política cuando no tiene ni repajolera idea de cuáles son las necesidades de un país, como funciona la Administración y como son aquellas leyes o normativas a través de las cuales funciona el sistema? Como muestra un botón: Cuando le preguntaron a “La Princesa del Pueblo” que a quien había votado esta respondió que una vez al PP y otra a los socialistas, y a la pregunta de que a quién votaría ahora respondió que al PP porque los socialistas le habían rebajado la pensión a su madre. Imagino que se referiría que al haber fallecido su padre le habían concedido a su madre la pensión de viudedad y que cobraba menos de lo que en vida percibía su padre. Si esto es así y tiene que serlo porque las pensiones han sido congeladas para el próximo año pero no rebajadas, demuestra que “La Princesa del Pueblo” no sabe de la película ni la mitad. Cuando la viuda pasa a cobrar la pensión de su marido, nos parecerá mejor o peor, lo cierto y verdad es que esta cobra mucho menos, pero eso ocurre gobernando los socialistas y ocurría también cuando gobernaba el PP. O sea, que no se entera.
La verdad es que lo que vi sobre la vida y milagros de “La Princesa del Pueblo” me dejó atónito. Lo que esta “princesa” ha hecho socialmente destacable es decir que por su hija mata y denunciar el caso de una amiga suya que había pagado por una vivienda y que no se la daban. Lo demás, decir que hay que dar trabajo a los parados y subir las pensiones eso lo decimos todos y no hace falta ser ningún “fenómeno social” para reivindicar estas cosas. Yo creo que la “princesa” más que un “fenómeno social” es un producto de consumo elaborado en una factoría mediática.
Todo esto me trae a la memoria la infinidad de personas y en este caso me refiero a las mujeres en particular, que se han dejado la piel y algunas la vida por los demás y han conseguido muchas mejoras y cambios sociales y ninguna de ellas ni tan siquiera ha merecido un simbólico título nobiliario. Lamentable. En cualquier caso creo que en la escena política lo que sobra es gente mediocre. Para qué añadir más a este grupo.
A la oferta electoral hecha por Mariano Rajoy, hace unos días, asegurando que en caso de gobernar él crearía cinco millones de puestos de trabajo, a lo que se podría añadir aquello de: “Y también dos huevos duros” como pedía insistentemente Chico Marx, a golpe de bocina, desde el repleto camarote, en su divertida película “Una noche en la Ópera”, hay que añadir también otra oferta consistente en llevar a cabo una “poda”, así lo define Rajoy, en la Administración. Estoy totalmente de acuerdo con él y me permito apuntarle por donde podría empezar. Podría comenzar por reducir a la mitad el número de concejales en todos los municipios de España. Liquidar y clausurar todas las diputaciones provinciales que hoy, con el Estado de las Autonomías, no tienen razón de existir. Dejar en la mitad el número de diputados regionales, nacionales y senadores. Limpiar la “parva” en lo que afecta a los asesores, cargos de confianza y funcionarios de empleo, el presidente de la Diputación de Alicante tiene “colocados” nada más y nada menos que a 76 personas entre asesores, cargos de confianza y funcionarios de empleo y aprovechar mejor, para conseguir que la Administración, a todos los niveles, sea más operativa y más ágil, los recursos humanos de que dispone, así como cerrar las subdelegaciones que sustituyeron a los gobiernos civiles y que en vez de haber mantenido el mismo número de subdelegados del Gobierno central que gobernadores hubo, lo ha incrementado con los delegados del Gobierno de España manteniendo un delegado del Gobierno a nivel de cada autonomía y un subdelegado por cada provincia. O sea que no se restó sino todo lo contrario, se sumó. Dicho así puede que esta “poda” que yo propongo sea algo así como el “chocolate del loro”, pero no lo es, ni mucho menos, si tenemos en cuenta toda la parafernalia de personal, asesores, cargos de confianza y funcionarios de empleo, y funcionarios de la Administración que el total de esos cargos que se eliminarían llevan detrás de ellos. Esto puede suponer el ahorro de muchos millones de euros. De muchísimos.
Estoy de acuerdo con la “poda” que sugiere o promete Rajoy, pero ya son muchos los gobiernos de distinto color que hemos tenido y ninguno ha “cogido” las tijeras y ha llevado a cabo la “poda”. Hay que recodar que Rajoy fue ministro de Administraciones Públicas y ni planteo lo de la “poda” y, obvio es decirlo, ni la hizo. Tuvo una oportunidad de oro y ahora nos sale con que hay que “podar” a la Administración Pública y como consecuencia de ello al desorbitado número de cargos públicos y a las rémoras que estos llevan pegadas a su vientre. Todo esto es lo que ofrece Rajoy y me parece estar escuchando la bocina de Chico Marx, a través de la cual solicitaba que le sirvieran también dos huevos duros.
Muchas cosas han cambiado desde que a finales del siglo XIX el movimiento obrero comenzó a organizarse para hacer valer los derechos de los más necesitados, entre otras cosas las mentalidadades: Hoy muchos de los convocados a la huelga general del 29 de septiembre esgrimen como razón para no secundarla argumentos tan peregrinos como el descuento que las empresas aplicarán a sus nóminas. Con mucho menos que perder que lo que quieren arrebatarnos ahora, sin nómina, sin seguridad social, sin subsidio de paro, los trabajadores de hace un siglo abandonaron sus puestos de trabajo en multitud de ocasiones para mejorar sus condiciones de vida y las nuestras. Aquellos hombres generosos se jugaron la vida para que hoy tuviésemos una jornada laboral y un salario justos, escuela y sanidad pública, vacaciones y pensiones, libertad de expresión, reunión y asociación, salieron a las calles a pecho descubierto para enfrentarse a los sables y las pistolas del poder, sólo con un objetivo: Conseguir todo aquello que nos fue alejando de la explotación, conquistas irrenunciables que hoy parecen tambalearse ante la embestida salvaje de los dueños de todo, sabedores como son de que vivimos en un tiempo de silencio, de que, al menos de momento, están rotos todos los lazos de solidaridad internacional y todos los mecanismos de contestación que puedan inquietar mínimamente sus intereses globales.
No hay que ser excesivamente perspicaz para saber cuáles son los mecanismos por los que se rige el mercado, palabra sacrosanta a la que se acude de modo habitual para justificar todas las decisiones irracionales que toman los gobiernos, pues es irracional todo aquello que atenta contra la dignidad y la libertad de los hombres. Si bien hay mercaderes que sólo pretenden obtener una ganancia justa por la distribución y venta de un determinado producto, lo que mueve a los dueños del negocio global es la obtención del máximo beneficio en la producción y comercialización de bienes a gran escala. Dado que el dinero no tiene patria, este concurrirá –conseguida la libre circulación de capitales- a aquellos territorios en que los costes sean menores y los beneficios mayores, dejando progresivamente a un lado a los países que tienen una avanzada legislación de protección social. Es decir, en vez de extender los logros sociales que tanta sangre costaron a nuestros antepasados, el mercado trata de extender la pobreza y la explotación, de igularnos por abajo. Esto habría sido imposible mientras el mundo era bipolar, mientras el movimiento obrero gozaba de salud, pero después de la crisis de 1973 y de la llegada de Tacher y Reagan al poder quedó demostrado que la respuesta de la ciudadanía ante el desmantelamiento de los derechos sociales era tan suave como inadecuada.
Rodríguez Zapatero llegó al poder dispuesto a dar un fuerte impulso en España a las políticas sociales. De hecho en sus primeros años puso en marcha leyes que han marcado un hito en nuestro devenir, la ley de dependencias, la ley de matrimonios homosexuales, la ley de igualdad, la ley de conciliación de la vida laboral y familiar, la menguada ley de la memoria histórica dan fe de ello aunque pueden quedar en agua de borrajas de seguir por el camino emprendido hace unos meses. Como se ha dicho, todos entendemos el funcionamiento del mercado, todos sabemos que si se suben los impuestos directos sólo en España, los inversores no vendrán y acudirán con su dinero a países con menos presión fiscal, también sabemos que desde hace décadas esos inversores tienen otros ámbitos de actuación geográfica, pues por mucho que se rebajen los impuestos nunca serán tan bajos como los existentes en China, Corea o Indonesia; también sabemos que se aumenta la competitividad si se bajan los salarios y las cargas sociales, pero nunca podremos disminuirlos tanto como los países antes citados, del mismo modo que somos conscientes de la interrelación existente entre las diversas economías mundiales y las políticas económicas de los diversos países. Sin embargo, nadie, ni antes ni ahora ni después, podrá convencernos de que la única salida a las crisis cada vez más agudas del capitalismo occidental sea la que dictan los mercados, o sea el recorte progresivo de los derechos de los trabajadores: Desde la llegada de Tacher y Reagan al poder, desde la caída de la URSS, el amansamiento de los sindicatos y la acomodación de los partidos socialdemócratas, todas las crisis del sistema se han saldado con privatizaciones de los servicios públicos esenciales, aumentos reales de la jornada laboral, precarización del empleo y, por ende, del Estado del bienestar. Hay que poner fin de una vez por todas a esa dinámica que amenaza con regresarnos a la Inglaterra de Charles Dickens en menos tiempo del que creemos.
Ante la intensidad de la crisis financiera mundial, muchos economistas, políticos y financieros de todo el mundo se atrevieron a pedir la suspensión temporal del capitalismo, demandando de los Estados inversiones gigantescas de dinero público para salvar la “Dictadura del Mercado”. Conseguido el objetivo –las cantidades empleadas en ese pozo sin fondo de la gran estafa mundial, habrían servido de sobra para acabar con el hambre la explotación en todo el mundo- y ante la nula respuesta de los trabajadores, lo jefes del mercado iniciaron un ataque sin precedentes contra los derechos de los trabajadores, ataque que en España se concretó en una reforma laboral inasumible y en el traspaso de la factura del quebranto a quienes nada tenían que ver con el. Es muy posible que Rodríguez Zapatero cambiase de política económica ante las presiones de los grandes mercaderes, ante el miedo a la soledad, que pensase que si durante su mandato se salía del atolladero, podría volver a emprender su labor reformista. No lo dudamos, pero hay cosas que un gobernante de izquierdas no puede hacer y si hubo presiones, que las hubo y tan fuertes como para bajarnos a la segunda división planetaria, se dimite, se denuncian y se combaten. El patriotismo no lo justifica todo, tampoco la buena voluntad, y es llegado el momento de empezar a decir no a las ruedas de molino: La huelga del próximo día 29 de septiembre, que tendría más valor si los sindicatos la hubiesen convocado en toda Europa, puede ser el principio de una nueva etapa que ponga fin a los desmanes de los neoconservadores y sus ambiciones esclavistas, de un periodo en el que “los mercados”, los gobiernos y los Estados estén al completo servicio del SER HUMANO.
Es curioso, en este país la policía siempre ha tenido buena imagen y mejor profesionalidad cuando ha gobernado la derecha. Recuerdo mí niñez, periodo franquista, cuánto tiempo y cuantas cosas han pasado, en que se decía que la policía española era “la mejor del mundo”. Aquello, los españoles, a fuerza de tanto oírlo, lo teníamos asumido y lo creíamos pie juntillas. A medida que fui entrando en la adolescencia yo, al igual que muchos otros, nos dimos cuenta del porqué de aquel empeño en magnificar el trabajo de la policía franquista, se trataba de una forma más de amedrentar a los ciudadanos advirtiéndoles que ¡cuidado con lo que haces! que la policía te detiene de inmediato, sobre todo en lo relacionado con la oposición a Franco. Si las paredes de los calabozos de la Dirección General de Seguridad pudieran hablar nos contaría muchas cosas sobre la “profesionalidad” de “la mejor policía del mundo”.
Vuelve a gobernar la derecha en España, Aznar, y nada que criticar a la policía, ni siquiera algunas cargas empleando una excesiva dureza contra los universitarios que gritaban a Aznar cuando visitaba alguna universidad. Pero deja de gobernar la derecha y la policía comienza a comportarse, según el PP, de forma incorrecta, ya no es “la mejor policía del mundo” como cuando ellos gobernaban. Ahora la policía está al servicio del Gobierno y falsifica y manipula informes para perjudicar a la oposición, el Partido Popular, en los casos Gürtel y Brugal. En el PP han llegado hasta el extremo de que la candidata del PP a la presidencia de la Generalitat de Catalunya, Alicia Sánchez Camacho, ha dicho, y se ha quedado tan a gusto, que el Ministerio del Interior ha sido condenado por manipulación de informes y cohecho, ahora nos enteramos los españoles de tal condena, no lo habíamos sabido antes porque sencillamente la candidata del PP se lo ha inventado, o lo que es igual: Miente.
La gente del PP, comprobado está que insultan a la inteligencia de los españoles a los cuales les han perdido el respeto y han tomado por tontos que se lo tragan todo, mienten descaradamente con tal de conseguir sus propósitos. Si el PP gana las próximas elecciones y viendo su comportamiento instalado en la mentira y en la confusión, seguro estoy que la policía española volverá a ser “la mejor del mundo”. Son recuerdos.
Ante las continuas y reiteradas preguntas que hace Rajoy a Zapatero exigiéndole que le aclare si lo de Afganistán es una guerra o no y que le diga cuál es la misión de nuestros soldados en esa conflictiva zona, uno no pueda más que pensar en que hacía Rajoy en los consejos de ministros, si leer el periódico o dar cabezadas como solemos hacer en la peluquería, digo y casi podía afirmar esto último, porque al parecer cuando el Gobierno de Aznar decidió enviar soldados españoles a Afganistán, Rajoy no se enteró cuales eran los motivos por los cuales hubo que mandar esas tropas. Puede darse el caso de que las mandaran porque sí, sin más historia, sin saber por qué, y no por el compromiso con nuestros socios en los conciertos internacionales, ONU y OTAN, cosa que dudo, pero claro, ahora ante las preguntas de Rajoy de si en Afganistán hay una guerra convencional, al uso, esto más que una pregunta es una afirmación de Rajoy, y que porqué fueron allí nuestros soldados, uno empieza a dudar de la capacidad mental, en lo que a memoria se refiere, de Rajoy.
No soy tan pretensioso al pensar que Rajoy pueda leer lo que yo escribo pero si sé que mucha gente del PP lo hace, por ello, por si lo lee, y si no que se lo cuenten, le voy a responder yo desde mi modesta posición de ciudadano de a pie. Señor Rajoy, en Afganistán no hay una guerra tal y como entendemos que son estas. Hay escaramuzas, emboscadas, atentados con explosivos en ciudades y carreteras, en definitiva, una lucha de guerrillas y la situación de zona conflictiva es actualmente exactamente la misma que cuando gobernando Aznar mando España, su Gobierno, los primeros soldados. Claro que a lo mejor ustedes no sabían ni adonde les mandaban. En cuanto a su convencimiento de que en Afganistán hay una guerra en toda regla, si esto es así, debo decirle que le pregunte a Bush, el “amigacho” del por usted “venerado” ¿o ya no tanto? Aznar, que si en ese país hay guerra porqué no respetó la Convención de Ginebra y trató como prisioneros de guerra a los afganos que internó en Guantánamo en vez de encarcelarlos en condiciones más que lamentables amén de torturarlos física y psíquicamente? Aunque el que no haya una guerra no justificaba en modo alguno este trato inhumano.
En fin señor Rajoy, déjese de preguntas que usted mismo se puede responder y dedíquese a dar otra imagen a ver si consigue mejorar en las encuestas en lo que a usted directamente se refiere que en todas sale usted muy mal parado.
Indudablemente durante un periodo de crisis como el actual se crean distintas y variopintas situaciones y hechos, unas positivas, porque de estas situaciones de agobio siempre se aprende algo bueno, y otros negativos porque vienen a perjudicar a muchas personas como consecuencia de las distintas situaciones en que se ven afectadas y como principal causa de ello: El paro.
Pero dentro de ese periodo de crisis que podríamos calificar como un tiempo de gestación, surgen todo tipo de fenómenos extraños tanto es así que los españoles estamos asistiendo a uno de ellos que no es otro que el de que esta crisis ha engendrado, parido y está alimentando al líder de la derecha, no tienen a otro y por tanto de lo malo lo mejor, a Mariano Rajoy.
Cuando uno tiene conocimiento de esas encuestas que dan hasta un 10% de diferencia de votos a favor del PP y en detrimento del PSOE, no puede dejar de pensar en lo mucho que Rajoy le debe a la crisis, todos sabemos que si Rajoy tiene alguna posibilidad de ganar las próximas elecciones generales es gracias a ella porque Rajoy no “enamora” precisamente por sus iniciativas y propuestas para mejorar la situación y buena prueba de ello es que a su partido las encuestas le van bien pero en lo que respecta a él, le van fatal. Los españoles no le dan buena nota. Aún no hemos podido saber en qué va a consistir su gestión económica en caso de llegar al Gobierno, ni mucho menos cual sería su reforma laboral, esto entre otros aspectos básicos y fundamentales para mantener o mejorar el Estado del Bienestar. Las encuestas dirán lo que dirán pero a los españoles sensatos la actitud de Rajoy no les gusta. Los españoles han madurado y saben que no es lo mismo estar en la oposición, que es lo cómodo, que gobernar y al hijo de la crisis lo contemplan como bastante atorado y los españoles saben que es por falta de ideas.
En cualquier caso algo si queda claro y esto no es otra cosa que la crisis ha traído al mundo a una criatura bastante talludita, físicamente, y además con barba, a lo que hay que añadir su falta de memoria porque exigir a Zapatero que le aclara el motivo por el cual las tropas españoles están en Afganistán denotan fallos de memoria ya que preguntar tal cosa cuando las tropas se mandaron gobernando Aznar y siendo Rajoy ministro, es para preocuparse y consultar con los galenos. Y este quiere ser presidente del Gobierno.
Bueno, ya se va soltando el candidato de la derecha, no apunta como lo hará, pero ha prometido crear cinco millones de puestos de trabajo si sale ganador en las elecciones de 2012. Esta declaración de “buenas” intenciones de Rajoy nos dice que se acabará con los casi cuatro millones de parados que hay actualmente en España y que aún queda un millón de puestos de trabajo para ocuparlos todos aquellos que accedan al primer empleo. O sea, que en lo que respecta a puestos de trabajo vamos a ir “sobraos”. Aún recuerdo aquellas críticas que recibieron los socialistas cuando dijeron aquello de que iban a crear ochocientos mil puestos de trabajo. El cachondeo por parte de la derecha fue de los que no se olvidan. Ahora nos sale Rajoy, nada más y nada menos, con que va a crear cinco millones. De momento y no creo que esto se produzca, seguro que desde la izquierda no se va a producir ningún tipo de chiste o de chascarrillo. La cosa del paro es muy seria y con esto no caben bromas como hizo la derecha en su día, cuestionando si los socialistas hablaban de crear “ochocientos” o “mil” puestos de trabajo.
Si con semejante “oferta” no consigue Rajoy obtener mayoría absoluta, puede deberse a dos causas: La primera porque la gente no se la crea y la segunda porque los votantes ya han madurado y conocen y recuerdan que las grandes promesas electorales, y esta es “demasiado” grande, enorme, se hacen para no cumplirlas.
Hay una cosa que me tiene un tanto dubitativo a la hora de si me lo creo o no y es que me falta un dato, este no es otro que lo que no ha dicho Rajoy es en cuantos años creará estos cinco millones de puestos de trabajo, si en cuatro, en diez, en veinte o vaya usted a saber, a no ser que esté pensando en que va a gobernar más años que el extinto “Caudillo”. Porque a estos de la derecha les cuesta dejar la poltrona.


