Hace 51 años, en 1960 Alexander Orlow, un coleccionista de arte y director de la holandesa Turmac Tobacco Company pretendió “mejorar” las condiciones de trabajo de sus explotados adornando los galpones de la línea de producción con 13 pinturas de gran tamaño. Invitó a 13 artistas a crear pinturas sobre el tema Joie de Vivre.
En aquellos tiempos modernos, las fábricas “parecían” ser las fábricas y el industrial Orlow calculó que distrayendo a “sus” obreros aumentarían las cifras de producción.
Según los críticos eurocentristas, al incorporar elementos artísticos en un contexto social nacía el concepto “Arte en la fábrica”. Estos malintencionados traficantes de la supuesta cultura, soslayaron en su análisis experiencias similares en la historia de la expresión humana. Si nos enfocáramos sólo en el siglo XX, bastaría con leer el poema de Bertolt Brecht “Los tejedores de alfombras de Kujan-Bulak honran a Lenin” (1)
El explotador Alexander Orlow encomendó a un grupo de curadores (cuando esa palabra no tenía vigencia) que buscaran artistas de prestigio internacional para pintar obras de grandes dimensiones y colores vivos. La Turmac tenía sus galpones en Zevenaar, en la frontera holandesa-alemana. Las primeras obras eran abstractas y figurativas; sin ningún aviso previo fueron colgadas estratégicamente de las vigas como carteles publicitarios, cuidando que tuvieran perfecta iluminación para inspirar y estimular a sus oprimidos en medio de los ruidos y el frío.
La fábrica se convirtió en un museo democráticamente dudoso. Pero no pasó mucho tiempo para que Orlow, con la innata astucia de los capitalistas, descubriera que sus empleados se aburrieron pronto de las pinturas como lo habían hecho antes de sus máquinas. Quitó las obras figurativas y dejó sólo las abstractas.
La producción aumentó, pero no lo suficiente para este alemán hijo de inmigrantes rusos que huían de la Revolución Bolchevique y nacido en Berlín en 1918. Entonces, hizo cambiar las obras de lugar dos o tres por mes. Para disgusto de sus explotados, que se quejaban de los movimientos de las pinturas abstractas por que se encariñaban con las mismas. El ritmo de producción aumentó y dicen que una sonrisa cínica se desplegó en el ego del explotador. Su Joie de Vivre se estaba consolidando.
En 1966, la colección fabril de Orlow ya había llegado a 200. Además de la planta de Zevenaar, las pinturas abstractas colgaban en dos nuevas fábricas Turmac, una en Harderwijk en los Países Bajos y la otra cerca de Zurich, Suiza. También la lista de artistas convocados se amplió y entre otros participaron de este frío proyecto el grupo Cobra, Karel Appel, Constant, Lucebert y Corneille, Niki de Saint-Phalle, Victor Vasarely, Joseph Lacasse, Peter Struycken y David Tremlett. En setiembre de ese mismo año, 31 de estas obras fueron expuestas en el Museo de Artes Decorativas en el Palacio del Louvre. Otro espacio dudosamente democrático.
A fines de los ‘60 del siglo pasado, la Turmac producía 5 billones de cigarrillos al año que distribuía en 21 países. Su participación en el mercado de los cigarrillos holandeses aumentó del 7% al 24%.
Los obreros que producían esas ganancias no tuvieron igual proporción en el aumento de sus sueldos.
Sería una tontería pensar que crecimiento de plusvalía se debió sólo al disfrute de obras abstractas en medio de los rigores fordistas de una línea de producción.
Alexander Orlow siguió acrecentando su colección fabril. Una de las obras realizada en 1990 por Ben Vautier, una tela 170 x 170 pintada en acrílico decía: Pas d'art sans fumee. (No hay arte sin humo).
Orlow murió en Ámsterdam en 2009. Su colección Peter Stuyvesant fue renombrada en 1994, (por problemas con las leyes anti tabaco) BAT Artventure Collection. El pasado 19 de Abril, en Sotheby de Amsterdam se subastó la segunda selección integrada por obras de Achille Perilli, Max Gunther, Frantisek Kupka, Key Sato, Roberto Crippa, Roger Hilton, Jean Degottex, Simon Hantai, Adolph Luter y Luis Tomasello. En total, se recaudaron 1,9 millones de euros. La obra del argentino Luis Tomasello alcanzó el precio más alto: 156.750 euros por su obra Atmosphère chromoplastique no. 226.
Estaría bueno que el rectángulo de la pantalla dejara de ser la frontera y pudiéramos tomar unos mates para seguir reflexionando.
Ningún académico recuerda el nombre de un obrero de la Turmac. Se pretende que la mano de obra es anónima. O no existe.
Los obreros explotados por Alexander Orlow legitimaron las obras abstractas despreciadas por el mercado setentista. ¿Sus miradas “ignorantes” valían tanto como las de los asesores especializados?
Los pintores también fueron explotados porque no recibieron un pago justo por sus obras.
Las obras no se pasterizan sólo en los espacios institucionales. ¿Hasta que punto el espacio público no reproduce el sistema?
¿El registro (en cualquiera de sus soportes) de las intervenciones urbanas no es una institución carcelaria similar al cubo del museo?
¿La experiencia de la Turmac no es un claro ejemplo de que la división del trabajo no tiene vigencia?
¿Cómo hacer un proyecto de expresión que contribuya a crear indicios de una nueva sociedad sin llegar a tener nunca valor capitalista en el mercado?
¿Cuánto cotizaría en Sotheby el archivo de “Tucumán Arde”?
(1) Kalendergeschichten (Historias de almanaque) – Bertolt Brecht
www.scribd.com/doc/31430745/Brecht-Bertolt-Historias-de-Almanaque
http://www.time.com/time/magazine/article/0,9171,836548,00.html
