Cacerolada en Sol ante la subida de la prima de riesgo
Medio millar de personas se concentraron este miércoles en la madrileña Puerta del Sol para hacer visible y audible, con el estruendo de una ‘cacerolada’, la subida hasta 507 puntos básicos que ha registrado durante unas horas la prima de riesgo española.
La prima de riesgo es un símbolo: un termómetro mítico que mide el nivel del expolio que se está llevando a cabo sobre nuestras vidas. Casi nadie entiende del todo cómo funciona, pero cuando sube, los especuladores financieros atacan. Acto seguido, el Gobierno pretende generar “nueva confianza” en los mercados y recorta más derechos y más riqueza a las personas. La presión sobre la econonomía soberana se traslada del campo financiero al campo público y de ahí directamente a ti, a mí, a todas las personas.
Así que mientras la prima sube, nuestros derechos bajan. Y cuando eso sucede nos entra miedo, inquietud, angustia, sensación de impotencia: perdemos confianza. Pero este año hemos aprendido que esa sensación sólo la podemos combatir estando juntas, tomando las calles pacíficamente y convirtiendo esa angustia en potencia colectiva para bloquear la dinámica de expolio: en confianza de la buena, sobre la que se construye el buen vivir.
Ya lo avisamos: si la prima llegaba a 500 volveríamos a las plazas. Y no es exactamente un desafío, es que sólo desde aquí podemos actuar de manera afirmativa, libre, creativa. Porque cuando la prima de riesgo sube, también sube nuestra rabia. Y no queremos, no podemos permitir que esa rabia se convierta en guerra, que es lo que quiere el poder: convertirnos en un bando, en el “enemigo”, militarizar la sociedad y que la prima de riesgo mande.
A todo esto decimos que no. Que no mandan. Que no aceptamos el expolio ni la imposición de un escenario de guerra: que no nos dejamos llevar por la desesperación. ¡No! Hemos vuelto a las plazas. Así creamos confianza, porque confiamos en nosotras. Resistimos juntas.
Ahora que la prima ha roto la barrera de los 500, nosotras rompemos la barrera del silencio y volvemos a la plaza con nuestras cacerolas. Mucho mejor juntarnos en Sol, pero, si no puedes, ve a tu plaza más cercana. Tomamos el espacio público para que nos oigan, ya que no nos quieren escuchar. Dejamos muy claro que estamos hartas y no vamos a seguir soportándolo. Desobedecemos. No nos encerramos. Bloqueamos el expolio, reforzamos nuestra confianza y mostramos, al fin, que hay otros caminos y que estamos juntas.













