En medio de la tormenta política, social y económica más profunda de los últimos 80 años, buena parte del abstracto espectro de eso que llamamos Izquierda se debate entre humanizar el capitalismo volviendo a los “añorados” años del Estado del Bienestar, o declarar abiertamente que es necesario acabar con él. El debate, no exento de interés – como todos los debates políticos que se precien-, no tiene sentido si cada una de las propuestas no sólo tiene una hoja de ruta clara, sino que demuestra que lleva a algún sitio.
Resulta curioso que entre los primeros, quienes quieren ponerle bridas al capitalismo – no destruirlo – Keynes y su teoría económica ocupe buena parte de las bases de sus análisis de la realidad actual, así como de sus propuestas como alternativas a las políticas actuales de los gobiernos nacionales y las instituciones internacionales. En líneas generales lo que Keynes planteaba es dotar a las instituciones nacionales o internacionales del poder suficiente como para controlar la economía en las épocas de recesión o crisis a través de la política fiscal.
Déjenme decirles que en mi opinión, ser “keynesianista” para acabar con el capitalismo es tan absurdo como ser hitleriano para acabar con el nazismo.
Sea como sea, ni siquiera quienes dicen desear humanizar el capitalismo nos explican cómo lo van a hacer. Y no me refiero a programas electorales, porque que yo sepa ni en las elecciones municipales, ni en las elecciones generales, ni en las europeas, se pregunta a los ciudadanos sobre qué sistema quieren. Me refiero a qué hoja de ruta nos marcan esos ideólogos de reformismo para variar siquiera un poco el rumbo de las brutales reformas involucionistas que está viviendo éste y otros países “casualmente” desde la caída del campo Socialista. El debate está muy bien, y los análisis, y la información crítica, pero pocos de ellos han conseguido de momento hacer que los trabajadores y las clases populares dejen de estar a la defensiva y pasen al contraataque y a la conquista de nuevas cotas de poder y derechos.
Quizá cada persona de izquierdas debería interiorizar y responderse a una pregunta: “¿Quiero reformar y poner coto al capitalismo para que las cosas sean como antes o por el contrario lo que quiero es acabar con él por su naturaleza criminal y explotadora?”. Y cuando nos la respondamos de la manera más profunda y sincera, preguntarnos: ¿y yo dónde estoy?. Porque quizá deseemos lo primero y hasta presumamos de tener - o de haber tenido – el carné de un Partido Comunista y simpaticemos o militemos en una organización anticapitalista. Esa entonces ya será una cuestión de identidad política personal que cada uno – y cada organización – deberá resolver como mejor pueda.
Por contra, si la respuesta es que lo que queremos realmente es acabar con el capitalismo, surge una nueva cuestión casi tan importante: ¿Cómo? Y no me refiero tampoco a programas electorales, ni siquiera a repetir como autómatas postulados o ejemplos de los más grandes revolucionarios y pensadores marxistas. A lo que me refiero es a ¿cómo vamos a acabar con el capitalismo? ¿con qué lo vamos a sustituir? ¿cual es la ruta que vamos a seguir para conseguirlo?. Y con esto no digo que no se estén haciendo por parte de numerosos grupos, colectivos, organizaciones, etc. interesantísimos análisis, y se estén desarrollando fantásticas experiencias y propuestas. Sólo digo que de momento no son capaces de aparecer ante el pueblo y ante los trabajadores como alternativa real de nada. La únicas esperanzas que tienen hoy los ciudadanos que quieren “otra cosa” son, o encomendarse a unas nuevas y lejanas elecciones para que gane “lo menos malo”, confiar en que todo se vaya al traste y ver qué pasa, o pasar de todo y tratar de salvarse uno mismo. Y con esto no me refiero tampoco a esa parte consciente de la sociedad que ha decidido legítimamente militar, simpatizar o colaborar con la organización que considera oportuno para transformar la realidad; me refiero a las grandes masas, al 90% de los ciudadanos que no tienen ninguna implicación política, pero de cuya implicación – o su pasividad – depende al fin y al cabo que se produzcan o no grandes transformaciones en este país.
Por tanto, si lo que queremos no es reformar la realidad, sino transformarla; si no queremos poner coto al capitalismo, sino acabar con él; si queremos llegar a las masas y no quedar marginados, la respuesta tiene un nombre: Lenin.
Antes de que alguno se eche las manos a la cabeza y diga “¡ya ha llegado el trasnochado!”, déjeme decirle que el modernito Keynes y los suyos fueron prácticamente contemporáneos a Lenin, y que lo único que hicieron fue salvar al capitalismo. Lenin y los suyos lo hicieron añicos. Pero ser “lenista” no puede ser repetir párrafos enteros de la obra de Lenin – increíblemente actual si se lee atentamente -, ni siquiera repetir su nombre un millón de veces, aunque a muchos nos encante. Ser leninista es partir del hecho impepinable que somos la inmensa minoría pero que defendemos los intereses y las aspiraciones de la inmensa mayoría, para a continuación coger la realidad en nuestras manos y tener la suficiente audacia y osadía para transformarla, poniendo en marcha los mecanismos oportunos donde los trabajadores y las clases populares – de izquierdas y derechas – se vean representados y ser capaces de empoderarlos de tal forma que sean capaces de desafiar y derrotar al poder económico establecido, y al poder político que esté a su servicio.
En los últimos meses he tenido la ocasión de conocer a numerosos grupos de personas de diversos territorios del país que están desarrollando una labor en este sentido, – sin contacto entre ellos y quizá sin ni siquiera haber leído a Lenin -, pero que merecen y merecerán la atención de quienes nos consideramos “leninistas”. No olvidemos que en ninguna de las organizaciones de la izquierda son todos tan puros, ni todos tan infieles. Lo que sí es importante delimitar la línea entre quienes quieren acabar en serio con el capitalismo, y quienes quieren hacerlo un poco menos criminal.
Mientras no hagamos eso podremos sacar más o menos pecho por ser de la organización más o menos revolucionaria, más o menos leninista, pero sólo servirá para prolongar la desorientación de la llamada izquierda transformadora, para dejar que el capitalismo cure su herida, y para que tengan que volver a pasar una o varias generaciones para tener una oportunidad como ésta.
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En serio, algunos deberíais haceroslo mirar. Tenéis un enfermizo problema con Parra
Debate caliente, ¿tú que piensas?
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bolchevique1917… con tu nombre ya eres todo un hombre “marxista-leninista” eh?
la verdad es que dudo bastante que te hayas leido el artículo, porque en ningún momento entra a hacer un análisis económico, ni del keynesianismo, ni del leninismo. De lo que habla el artículo es de reformar el capitalismo o acabar con el capítalismo.
En este sentido, si dices que Lenin sólo era un lider en la táctica y la praxis revolucionaria… te recuerdo que Lenin era también un teórico, y si quieres textos económicos de Lenin tienes a toneladas.
En cualquier caso, ese macarrismo forero tuyo se parece bastante a los de esas organizaciones que van de super M-L y no las conocen ni en la calle donde está su sede.
Te recomiendo que estudies a Lenin, pero no para repetirlo como un papagallo.
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Muy bueno camarada, y también los artículos que estás publicando sobre el Poder Popular. Sigo tu trabajo en Paterna y sé que estais planteando crear mecanismos de Poder Popular en el pueblo, espero que hagais un buen trabajo, porque falta va haciendo.
Me hace también mucha gracia lo que planteas sobre lo que es el leninismo. Estoy harta de los niñatos de los grupúsculos “revolucionaroides” que han vivido durante años de la crítica permanente al PCE y a su gente. En el PCE hay mucho que cambiar, y en IU no te digo… pero hay gente que lo está haciendo genial, y allí en Valencia sois unos cuantos.
Salud camarada!
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Queda claro Javier,se entiende perfectamente.¿ Y ahora, por donde empezar?
Se me ocurre, que en principio, necesitamos las herramientas para poder trabajar;¿las tenemos? no,rotundamente no. Alguien puede creer que esa herramienta es IU; pues en mi opinión no lo és. ¿El PCE entonces? El PCE, tal y como está en estos momentos tampoco;pero podria serlo si consigue desprenderse del lastre de IU, y además,marcarse como objetivo la unidad de los comunistas. A partir de aquí, se puede empezar hacer planes, a marcarse objetivos, a construir una alternativa que sea un referente para la mayoria. La gente no ve como salir del agujero,no hay espectativas;este es en mi opinión el mayor obstáculo para empezar el viaje que nos lleve a alguna parte que no sea la de estar dando vueltas y más vueltas a la noria en un círculo sin fin.
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Algunos que se dicen de izquierdas deberían leer un poquito más sobre organización y estrategia. Pero ya que no leen vean esa formidable obra del tren, sobre Lenin.
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Pues a mi lo más interesante de Lenin (que, efectivamente, también era un teórico) es “SIEMPRE el análisis CONCRETO de la situación CONCRETA”.
Así pues, no deberíamos excluir ninguna posibilidad A PRIORI. Todo el daño que ha hecho el reformismo a la lucha de clases no nos debe impedir analizar la posibilidad de que una reforma (keynesiana, democrática o como se le quiera llamar) del capitalismo nos ponga en el buen camino para destruirlo, sustituirlo o como se le quiera llamar.
Para empezar, y para seguir a Lenin, deberíamos quitarnos el dogmatismo (=aplicación de reglas diseñadas para situaciones diferentes de la actual) que nos impida distinguir entre un keynesianismo de derdechas y uno de izquierdas. El primero es el único visible desde hace mucho tiempo: el que el artículo menciona como keynesianismo que no lleva a superar al capitalismo, que no lleva a más democracia, lo que conocemos desde hace 30 años como el “pensamiento único” (en realidad como una de sus dos mitades pendulares, junto con los neo-con o ultra-liberales, que contradicción, por cierto!).
El segundo existe, aunque está desaparecido desde hace mucho tiempo: en españa, por ejemplo, está en las bases y simpatizantes del psoe (no, por supuesto, en su cúpula) y forma parte del 90% de la población mencionada en el artículo.
Trabajar para recuperar a ese 90% y que vean que, en contra de lo que les repiten continuamente SI HAY ALTERNATIVA no solo no lo debemos desechar, sino que DEBERÍA SER NUESTRA PRIORIDAD. Y quizá para ello deberíamos aceptar una táctica de frente amplio junto quienes quieren “reformar” DE VERDAD el capitalismo.
salud
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