Andrés Cuevas González
Llevo tiempo preguntándome por qué la mayoría de los miembros del Congreso de los Diputados puestos en pie aplaudieron el discurso del Rey en el acto de apertura de la nueva legislatura. Y, a pesar del tiempo aun no he encontrado la respuesta, aunque la imagen fuera muy parecida a aquellas de aquellos tiempos donde los súbditos aplaudían a los reyes; dijeran lo que dijeran, hicieran lo que hicieran o taparan lo que taparan, y todo ello sucedió en lo que hemos venido a llamar el “templo de la democracia”, esa democracia donde el vasallaje no ha de existir y si la condición de ciudadanía.
Pero sucede además que, muchos diputados y muchas diputadas que pasionalmente aplaudían el discurso del monarca, no hace tanto tiempo satanizaban a un Vicepresidente del Gobierno de España, haciéndolo responsable de las fechorías cometidas por su hermano en un abuso de la confianza que en él había depositado y, que por lo publicado en aquel y este tiempo no fueron mayores que las que hoy parece haber cometido el yerno del Jefe del Estado, historias paralelas pero con distinto tratamiento.
Como se habrá adivinado me estoy refiriendo a los denominados casos Juan Guerra y Undargarin. En el primero de los casos, el Vicepresidente Alfonso Guerra hubo de aguantar todo tipo de acusaciones de complicidad de todos los lados, de la oposición, de los medios de comunicación, de la ciudadanía, se llegaron a escribir frases como “la caída de los Guerras”, “Guerra lo sabía todo” o “los socialistas bajo sospecha” entre otras.
El final de la historia en términos políticos fue la dimisión del Vicepresidente Alfonso Guerra en el año 1.991 y su consiguiente pérdida de poder político en influencia en el Partido donde lo había controlado casi todo. Casualmente y tras la dimisión de Alfonso Guerra, el denominado “Caso Juan Guerra” pasó al ostracismo político-mediático y, con esto no quiero ni insinuar siquiera que Alfonso Guerra fuera maltratado política y mediáticamente, creo que cada cual hizo lo que tenía que hacer en aras de la transparencia y sobre todo avisar que la impunidad en este país se había acabado.
Así que mirando con perspectiva en el tiempo, la impunidad no se ha acabado y que los tratos políticos no son iguales. Vemos el segundo caso, el de Undargarin, hasta hace poco tiempo dicen que miembro de la Casa Real, al menos yerno del monarca, que parece se ha dedicado a dar sablazos a instituciones, a través de una fundación, por medio de facturas falsas y sobredimensionando costes de eventos, además de llevarse el dinero fuera de España, digo parece, porque lo que conocemos, al menos yo, es por lo que publican los medios de comunicación que al parecer lo sabían casi todo pero no sé porque no lo publicaron en su día, y volviendo a mirar con perspectiva en el tiempo, la actuación política en general, hay excepciones dignas, es la de volver a la impunidad por “ser vos quien sois”.
En el caso “Juan Guerra”, se llego a plantear aquello de “los socialistas bajo sospechas”, en el caso Undargarin ya que nadie lo pregunta, me la hare yo mismo: ¿por qué no la Casa Real Bajo sospecha? En el caso “Juan Guerra”, se pidió, como tenía que ser, explicaciones al Gobierno y varias veces la dimisión del Vicepresidente. En el caso Urdangarin nadie ha pedido explicaciones a nadie, incluso a sabiendas que muchos de los “tratos” del yerno se hicieron en residencias oficiales de la Casa Real, a sabiendas de que el propio suegro, el monarca conocía de los “manejos” de su “hijo político”, manejos que nunca puso en conocimiento de quien pudiera corresponder para que se obrara en consecuencia, más bien se optó por la recomendación del abandono de las actividades y de España, donde afortunadamente no ha tenido ningún problema en encontrar un digno empleo y que debe ser gracias a su capacidad para los negocios, además de la intelectual y profesional. Por eso me indigno cuando aquellos, todos aquellos medios de comunicación y la ciudadanía señalaban a Alfonso Guerra como responsable de las fechorías de su hermano, esos mismos, se dedican a ensalzar la actuación del monarca por las actuaciones llevadas a cabo por su yerno, delictivas según la fiscalía. Parece como una broma pesada.
Así que como quiero hacer uso de mi condición de ciudadano, quiero que alguien me explique por qué los mismos que pedían la dimisión de Alfonso Guerra, hoy ni se plantean la abdicación del monarca como conocedor, según los datos, de las fechorías, según la fiscalía, cometidas por el Duque de Palma. Quiero que alguien me explique por qué nuestros gobernantes, los que han salido y los que han entrado no piden explicaciones al Rey y, como ciudadano no me vale que me digan que el Rey es irresponsable, es decir que el Rey no responde ante nadie, eso valdrá para aquellos que aun quieran ostentar su condición de súbditos.
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