2012: el año del rescate

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Javier Parra

2011 fue el año del golpe de estado financiero en España y en otros países de Europa, y también el año en el que se inició la fase final del desmantelamiento del Estado por parte de los mercados hasta reducirlo a medio plazo en un mero mecanismo represor. Banqueros, tecnócratas y criminales financieros entran a formar parte de manera directa en los gobiernos y se da la orden de ejecución de los Servicios Públicos a nivel municipal, autonómico y estatal, y los mercados depredadores aceleran el paso para imponer sus recetas antes de que se produzca una reacción popular lo suficientemente fuerte como para frenarlas. Unas recetas en la que los ingredientes principales son los trabajadores y las clases populares, y el comensal es el insaciable régimen que en su caída arrastra al abismo a los pueblos de Europa.

2011 fue también el año en el que un pueblo que parecía dormido y aletargado se encontró al despertar  con la pesadilla de la realidad en la que cientos de miles de familias son desahuciadas de sus casas, en la que millones de personas son condenadas a una situación de miseria absoluta y en la que una cuarta parte de la población vive por debajo del umbral de la pobreza. Una realidad en la que a la democracia ya hay que ponerle comillas y en la que los bancos y las entidades financieras gobiernan definitivamente nuestras vidas.

Ante la dramática situación, las hordas neoliberales se lanzan como alimañas sobre nuestros derechos básicos y sobre nuestra dignidad  para devorarlos y convertirlos en beneficios económicos.

La situación no mejorará a corto plazo entre otras cosas porque a los mercados no le interesan que  mejore, y a sus capataces ahora con mayoría absoluta en España tampoco; es el momento perfecto para purgar a España con su aceite de ricino de privatizaciones y precarización de la vida y los derechos.

Mucho se ha especulado con un posible rescate financiero de España durante el último año, y mucho se seguirá especulando sobre un rescate financiero que tendría las mismas consecuencias que si nos echaran una cuerda al cuello mientras caemos.

Aunque 2012 quizá sea el año del rescate, pero no por parte del FMI y los organismos financieros internacionales, sino por parte del pueblo que se alce sobre los primeros, los desafíe, los juzgue en las plazas y los condene. Pero para eso además de agitar las manos habrá que levantarse… y apretar los puños.